Rudolf Steiner: La biografía humana desde un punto de vista espiritual.

 


La Antroposofía. Rudolf Steiner, científico, filósofo y artista, proclamó de una manera abierta y precisa, que el camino hacia el conocimiento del hombre y del universo ya era posible para todo aquél que quisiera seguirlo, y que ese camino lleva a la libertad. Y no sólo dio a conocer todos los conocimientos por él adquiridos con el mismo rigor de la ciencia, sino que enseñó todas las pautas para que los demás pudieran descubrirlo por sí mismos. Ese camino de conocimiento es la antroposofía, un camino que nos permite descubrir y vivenciar quiénes somos y cuál es nuestra relación con el Cosmos. Es la realización del mandato de los antiguos oráculos: ―Hombre, conócete a ti mismo‖. En ese camino el hombre va descubriendo las leyes espirituales que rigen la existencia, y al igual que el descubrimiento de la ley de la gravedad permitió al hombre liberarse de ella y volar, también el descubrimiento de las leyes espirituales da al hombre la posibilidad de la libertad en todos los ámbitos de la vida. Por eso la antroposofía es un camino hacia la libertad.

Al dividir el desarrollo en periodos de siete años, es posible entender con mayor facilidad cómo encaja el ser humano el paso del tiempo. Los tres primeros septenios son los más importantesVan del nacimiento a los 7 años, de ahí a los 14 y de la adolescencia a los 21. Se trata del tiempo que transcurre desde que una persona nace hasta que alcanza la edad adulta. Durante esta fase el ser humano se centra en el desarrollo corporal. En una segunda fase, que abarca desde los 21 hasta los 35, nos concertamos en el desarrollo anímicoY en una tercera fase, desde los 42 en adelante, lo más importante es el desarrollo espiritual. Un proverbio chino dice que la vida se desarrolla en tres fases: veinte años para aprender, veinte para luchar y veinte para alcanzar la sabiduría. Curiosamente la Teoría de los Septenios viene a decir algo similar.

Una formidable experiencia terrenal del yo humano expresado en septenios.
En una biografía, el desarrollo de los septenios guarda estrecha relación con la transformación de los cuerpos constitutivos del hombre. De esta manera, estas transformaciones darán origen a las sucesivas etapas biográficas o septenios.
Recordemos que la Antroposofía es una cosmovisión del hombre, la cual nos permite conocer cada uno de los cuerpos que lo conforman. Estos cuerpos son:

  • Cuerpo físico, es lo que visible y conocido.
  • Cuerpo etérico o vital, impregna el cuerpo físico y le da vida.
  • Cuerpo astral o cuerpo de sensaciones, que permite que el hombre sienta.
  • Yo individualidad, aquello que nos hace inéditos y distintos a todos.
Sobre estos cuatro cuerpos se desarrollan los septenios o la biografía humana.
Clasificación de los septenios
Básicamente, podemos hacer una triestructuración:
Septenios del cuerpo
Del nacimiento hasta los 21 años
Septenios del alma
Desde los 21 años hasta los 42 años
Septenios del espíritu
Desde los 42 años hasta los 63 años
Las posibles clasificaciones de las distintas edades de la vida son muchas: en decenios, en septenios; la diferencia radica que, en la Antroposofía, estos tiempos no están dados arbitrariamente. El tiempo, que demoran los miembros esenciales en hacer su metamorfosis, es lo que determina esta clasificación en septenios. Aproximadamente, cada siete años se produce la transformación de cada uno de los cuerpos que componen al hombre.
Así como los chinos dicen: "Aprender, luchar y ser sabio"; en Antroposofía, se habla de:
  • maduración física,
  • maduración anímica y
  • maduración espiritual.
Esto quiere decir que se emplean veintiún años en consolidar la estructura del cuerpo físico.
Los primeros tres septenios se llaman septenios del cuerpo, durante los cuales se producen la mayor cantidad de cambios y dan la fisonomía correspondiente a esta etapa. Desde la perspectiva de la organización del cuerpo, del crecimiento de los órganos, hasta los veintiún años, podemos decir que:
 
Primer Septenio
Desde el nacimiento a 7 años
Cuerpo Físico
Septenios del Cuerpo
Segundo Septenio
Desde 7 años hasta 14 años
Cuerpo Etérico
 
Tercer Septenio
Desde 14 años hasta 21 años
Cuerpo Astral
Alrededor de esta edad, el cuerpo deja ya de crecer y comienza una transformación de lo que llamamos el alma, el mundo interior. A los 21 años, se produce el nacimiento del Yo y el cuerpo astral es donde se expresa el Yo. Un niño recién nacido no tiene conciencia, tiene conciencia cósmica. El Yo no está totalmente presente; a medida que el niño crece, el Yo se acerca cada vez más.
El septenio central, que transcurre entre los 28 y los 35 años, es el período donde el Yo está más cerca de la organización física, período denominado alma racional. Aquí, el Yo se refleja con mayor fuerza en la personalidad. La persona privilegia el pensamiento y trae, también, el reflejo de la individualidad; puede ser el momento de mayor orgullo, de máxima ambición y soberbia.
En el septenio de la maduración física, desde el nacimiento a los 21 años, el individuo conoce o empieza a conocer la vida; en el septenio de la maduración anímica, de 21 a 42 años, el individuo acepta la vida y, en el tercer ciclo, el septenio de la maduración espiritual, de 42 a 63 años, recapitula sobre lo vivido. Teóricamente, esto es lo que va sucediendo, cuando no hay alteraciones en los procesos.



 Rudolf Steiner: La biografía humana desde un punto de vista espiritual.

Septenios del Cuerpo

Primer septenio, desde el nacimiento hasta los 7 años

Es la fase del desarrollo físico. En ella se crea la base de la identidad, que es la casa del Yo. El niño, a través de sus sentidos acoge el entorno, que entra en él y termina de formar sus órganos vitales. En el ser humano se dan dos corrientes, una interna, con las fuerzas formativas que el ser humano trae para la formación de sus miembros constitutivos y una corriente externa con la que se une a través de la alimentación de las impresiones sensoriales, que le forman positiva o negativamente. La educación de los sentidos es algo muy difícil de llevar a cabo en las ciudades, donde hoy en día hay un exceso de impresiones. El núcleo de la tarea educativa de la madre (o alquien que desempeñe igual función) es ayudar a que el niño llegue poco a poco del cielo, ayudándolo en su encarnación. La imitación es muy importante, pues a través de ella, absorbe todo lo que sucede en su entorno e incorpora las cualidades del movimiento que posteriormente emergerán cuando sea adulto. Comienza la maduración del polo neuro-sensorial. A los tres años se produce la primera separación del medio, cuando el niño se nombra por primera vez como ―Yo‖. Los adultos deben ofrecer al niño un ambiente cálido donde pueda moverse ampliamente y donde sus sentidos puedan recibir las impresiones adecuadas: conocer la naturaleza y relacionarse cariñosamente con la gente, son la base para la salud física del adulto futuro. Si el adulto le ofrece un mundo con coherencia, el niño se identificará con él y podrá adquirir los valores morales que son el fundamento para su futuro. El niño en este septenio, necesita percibir la BONDAD del mundo.

Segundo septenio, desde los 7 a los 14 años

La educación se inicia realmente en éste período, pues es cuando el niño está dispuesto y abierto para el aprendizaje.

El niño experimenta al adulto como una autoridad y anhela que le aporte algo nuevo para aprenderlo y convertirlo en hábito. Lo aprendido se convierte en costumbre, tanto positiva como negativa, por ejemplo, si una madre habla por los codos, el niño decidirá no hacerlo igual, y a los cincuenta o sesenta años puede que no hable. El carácter que se forma ahora es para toda la vida. Aquí se produce un segundo nacimiento, el del cuerpo etérico o vital. Es el momento de la maduración del sistema rítmico, pulmón-corazón, y por eso es necesario que las actividades diarias, semanales, etc. tengan un ritmo, pues ése ritmo exterior es de gran ayuda para que un ritmo orgánico o interior nazca. A los nueve años se confronta de nuevo con el mundo, se siente muy solo, le llegan imágenes del futuro y siente miedo. La necesidad de jugar corriendo, saltando, es muy grande, porque con ello, el hierro circula por la sangre y de esa manera el niño se convierte en un ser más terrenal. Hay que evitar un exceso del trabajo intelectual, pues resta fuerzas al proceso interno que se está realizando. A los doce años, o prepubertad, se producen cambios físicos y anímicos. Hay una primera llamada a lo profesional. La madurez sexual se dará al final de este período. Se está desarrollando aquí la base corpórea para que se puedan desarrollar los verdaderos sentimientos y para que después pueda enamorarse de verdad. El lema de este septenio es: ―el mundo es BELLO‖.

Tercer septenio, desde los 14 a los 21 años

Primero el niño ha creado y formado su cuerpo, luego abre su espacio anímico y poco a poco entra en su metabolismo. Así se hace un hombre completo. Los padres son ―comadrones‖ de ese Yo cuyo embarazo dura siete años. Y deben ser interlocutores válidos, por ejemplo, conociendo la música que oyen sus hijos, para introducirlos y acompañarlos en los primeros momentos en la sociedad. Tienen que comprender el tiempo que les toca vivir. Las fuerzas del cuerpo astral se despiertan ahora y se liberan para comprender los enigmas del mundo. Si ése recién despierto interés no encuentra respuesta, se transformará en erotismo y sensualidad instintiva, en inquietud anhelante de poder. Es el momento en el que los cuatro sentidos superiores se desarrollan:

  El S. del Oído: lo más importante es la música. 

 El S. de la Palabra: hacer poesía, escribir un ―diario‖. 

 El S. del Pensar: al adolescente le gusta filosofar y discutir con el adulto. 

 El S. del Yo: por el que percibimos si ante nosotros hay un Yo o no, lo cual llevará al respeto o bien a la falta de él y a actuar destructivamente. 

Es la fase de la maduración de los órganos sexuales. Aparece el idealismo que dirigirán nuestros pasos y los determinará. El mundo es VERDADERO: Importa conocer el mundo desde las leyes objetivas.






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Etapa del Alma Sensible. De los 21 hasta los 28 años.

NACE EL YO. El joven se abre al mundo y lo hace libremente a modo de juego. Quiere experimentar el mundo y se alegra de cada experiencia. El joven es un poco bobo y no muy productivo. En él hay un exceso de energía. Hoy en día viaja mucho y participa en proyectos diferentes. En su interior algo está en ebullición y en la confrontación co el mundo desecha lo que lleva consigo de la educación recibida y que no le corresponde como individualidad. Las preguntas que se le plantean son: ¿quién soy?... ¿qué quiero?... ¿qué se hacer? Se toman las primeras decisiones. Periodo de expansión.


Etapa del Alma Racional y de Corazón. De los 28 a los 35 años.

A los 28 años necesita entender lo que hace empieza a cansarse de esa vida tan hacia el exterior porque entra en otra forma de sentir. Ha vivido mucho pero ha alcanzado poco. Hay una evaluación racional de lo vivido y surge las preguntas ¿qué valor tiene lo vivido hasta ahora? ¿qué me han aportado las distintas vivencias? Puede haber un comienzo de cierta sabiduría porque: Se va integrando en la sociedad. Reconoce el valor de lo realizado y de cómo ello determina su comportamiento. Comienza la propia responsabilidad. La salud aquí, implica un alma sensible rica y un alma racional y de corazón diferenciada. Los 33 años es el punto más bajo de la encarnación. A veces en esta edad el sufrimiento es muy intenso. Es cuando estamos más metidos en la tierra y en la corporalidad. Aquí se recibe una llamada del Yo Superior para regresar al verdadero camino, hay que distinguir lo esencial de lo accesorio

Etapa del Alma Consciente. De los 35 a los 42 años

A los 35 años hay un atisbo de pasividad y por otro lado se asume una gran responsabilidad porque uno quiere devolver algo de lo aprendido. Estamos más o menos en la mitad de la vida. Se observan los primeros signos de envejecimiento. Ya no somos llevados por las fuerzas vitales y esto es un desafío pues somos nosotros mismos lo que debemos tomar el relevo e impulsarnos hacia el futuro. Existe el peligro de caer en la rutina. Uno siente a los jóvenes como una amenaza y trabaja más para contrarrestarlo, lo que puede llevar a una situación de agotamiento. Hay una evolución hacia la madurez psíquica si realizamos la autocrítica y la aceptación de sí mismo y del otro. Los 42 años es un momento de máximo auge en la crisis existencial que aparece.

 Si nuestro desarrollo es saludable, las preguntas activas en nosotros son: ¿cómo es el mundo realmente? ¿qué lugar ocupo en él? Rudolf Steiner habla de tres reglas para mantenerse sano: 

1. Desarrollar una vida interior amplia, sana y variada.

2. No quedarse en el mero disfrute de la vida. 

3. No sólo experimentar, sino también, sacar conclusiones, aprender y fluir hacia el mundo. 


Periodo de introversión.


 

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FASE SOCIAL. 42 a 49 años.

 Hay madurez para estar activo en lo social desde la experiencia: es posible trabajar en el AMPA de la escuela de nuestro hijo, en organizaciones sociales, etc. porque el Yo de subjetiva al alma y los impulsos son ahora altruistas. Es el momento idóneo para participar en la vida pública. Puede darse la tendencia a cambiar de pareja, de coche, a remodelar la vida profesional, pero ¿no sería mejor hacer de forma diferente?... Comienza el proceso de excarnación; la menopausia en las mujeres (antes) y la andropausia en los hombres, que irá acompañado de un acrecentamiento temporal de las fuerzas sexuales antes de su paulatina retirada. Esas fuerzas que decrecen darán paso a una nueva creatividad en la persona. La mujer se preocupa por mantener su belleza y el hombre por mantener su fuerza expansiva. El reto es encontrar nuevas metas espirituales.

FASE MORAL. De los 49 a los 56 años.

Las fuerzas del periodo anterior se interiorizan y comienza un periodo de armonía relativa si se llega a acertar con lo nuevo, si no es así, se aumentará el ritmo de trabajo porque se siente todavía más amenazado por la juventud e idealiza el pasado. Las preguntas: ¿qué piden de mí?... ¿es válido para el mundo lo que hago? son con las que uno tendrá que debatirse. En la mujer las fuerzas vitales retornan y puede haber un sentimiento de liberación y de creatividad que pueden volcarse en disposición hacia los demás. Si esto no es así, se tiene el sentimiento de que ―ya es tarde‖ el cual la convertirá en tirana de los demás. En los hombres la andropausia lleva a cirisis y luchas consigo mismno y con los demás. Es más corta que en las mujeres. Si con la pareja se comparten valores espirituales la relación se profundiza. El verdadero conocimiento y amor por el otro que empezó a los 30 madurará a los 50 años.

FASE MÍSTICA. De los 56 a los 63 años.

¿Hemos alcanzado y asimilado nuestras metas, nuestro leifmotiv? … En esta que fase precede a la jubilación podemos encontrarnos con la realidad espiritual. Reevaluamos los valores propios y miramos hacia atrás. Podemos aislarnos y volvernos críticos con el entorno o por el contrario emanamos luz desde el interior. Hay una gran fuerza de abnegación en el ser humano que en su primer septenio ha vivenciado la confianza en el mundo. Disminuyen las percepciones hacia afuera y la vida interior se acrecienta pudiendo llevarnos a un desarrollo artístico creativo. Si con la pareja no hay armonía, la irritación por las costumbres del otro será constante. A los 63 años hay una liberación del karma y uno puede ofrecer a los demás el fruto de lo aprendido durante su vida. Cultivar el jardín… ejercer de abuelo… son tareas muy importantes. Uno puede convertirse en una bendición para los demás. 

 Los sentidos se van cerrando y la vida interior es más importante. ―La luz del niño se ha interiorizado y ahora luce desde adentro hacia más allá de la muerte‖ Gudrun Buckhart. Médico y biógrafa brasileña

 

Rudolf Steiner: La biografía humana desde un punto de vista espiritual.

Rudolf Steiner habló de que el ser humano debe intentar fomentar la salud corporal y espiritual, y esta tarea no es nada fácil de cumplir. Para hacerlo adecuadamente hay que cumplir con siete condiciones. 

1. “Establecer la justa relación entre el deber y el goce” El primero debe estar siempre por encima de la ganancia inmediata y debe ser dispensador de goce porque es parte de ti. Así aprendes a diferenciar lo esencial de lo accesorio y el deber puede ser realizado con amor y convicción. 

2. “Aprender a sentirse como miembro del conjunto de la vida social”. Si soy profesor, poderme preguntar: ―¿qué he hecho yo para que el alumno se vuelva insolente conmigo?‖ Esto nos lleva a descubrir como influimos en el destino de los demás y viceversa.

 3. “Llevar la meditación a nuestra vida cotidiana” para curar el alma y el cuerpo. Esto tiene grandes efectos sociales porque si curo mis pensamientos y sentimientos de los que soy responsable estoy actuando positivamente sobre mi propia curación y la del otro. 

4. “Volvernos independientes del reconocimiento exterior a nuestro trabajo porque sabemos que nuestro verdadero valor se funda en nosotros mismos” Nuestra biografía encuentra así, un sólido anclaje en nuestro propio Yo Soy o núcleo de nuestra personalidad. 

5. “Adquirir constancia en la vida”; ser fiel a ciertas decisiones cualesquiera sean las crisis que sobrevengan. 

6. “Sentir gratitud hacia todo lo que nos llega”¿Qué puedo aprender de esta situación difícil y agradecer que haya aparecido en mi vida? Esta es una actitud que nos ayuda a tomar las riendas de nuestra propia vida y que viene con el regalo de la alegría de vivir y de una riqueza interior. 

7. “Transformar toda actitud en relación a la vida”. Esto tiene consecuencias en mi biografía y la confianza y amor hacia las personas se refuerzan y profundizan. Cuando la confianza en sí mismo y el mundo y el amor a las personas se convierten en fuerzas interiores, se comprueba que el ser humano espiritual se ha encontrado a sí mismo gracias al trabajo sobre sí y su propio destino.


 Rudolf Steiner: La biografía humana desde un punto de vista espiritual.

¿Cómo puedo observar a mi Yo actuando en la vida? ¿Qué he venido a hacer?: El Yo es algo muy especial, no se ve pero se manifiesta de diferentes modos: en el calor, en la voz de la conciencia, en la voluntad y también está relaciono con la sangre. Pregunta: si estuvieras al final de tu vida y se te diera una prórroga: ¿qué sentirías como más importante para realizar de forma concreta? ¿qué considerarías que debes dejar en este mundo? En la respuesta a estas preguntas puede vislumbrarse ese Yo individual del que hemos hablado. 

El sufrimiento es la manera en que el ser humano va haciéndose consciente de lo que tiene que hacer. Sufrimos cuando hay un conflicto entre lo que queremos o pensamos y lo que nos acontece, es decir, lo que viene hacia nosotros, en forma de destino. La palabra destino significa algo que nos pertenece, que nos está destinado, que nos concierne... El sufrimiento le dice al individuo que necesita crear algo que todavía no existe. Ligado a él está la enfermedad, las crisis y la muerte. El Yo o consciencia es lo que diferencia al hombre de los distintos reinos de la naturaleza que a su vez poseen diferentes grados de conciencia. ¿Cómo se adquiere la conciencia? Esquilo decía que el conocimiento surge del sufrimiento. La consciencia es conocimiento. En la historia de la humanidad, vida y sufrimiento están continuamente entrelazados. Cristo dijo a los apóstoles ―para que a vosotros pueda llegar el Espíritu Santo ( el conocimiento) Yo tengo que sufrir y morir‖.

Es un misterio que para que haya un salto en el conocimiento tenga que haber sufrimiento. El Yo que encarna trae de vidas anteriores una energía determinada y empieza a trabajar sobre el cuerpo astral generando más conciencia a través del sufrimiento. Cuando ese proceso termina el Yo se separa y llega la muerte. La que sufre es el alma, no es el Yo. El alma no distingue entre sí misma y el sufrimiento y dice: ―soy sufrimiento‖, a lo que el Yo responde: ―estas sufriendo porque necesito conocer‖. Esto, puede provocar indignación, pero entonces el dolor se convierte en tragedia porque el Yo no puede penetrar en el alma y el desarrollo personal no puede realizarse. Es importante comprender que el sufrimiento es una herramienta para el desarrollo personal. La palabra ―destino‖ significa algo que nos pertenece, que nos está destinado, que nos concierne. ¿Cómo me comporto frente a ello? Quien considera en su vida la reencarnación sabe que lo que le llega forma parte de sí mismo y que por ello tiene que trabajar y esforzarse en encontrar qué quiere decir y enseñarle aquello que le llega. De ése Yo Superior o súper consciente, el hombre deduce valores, normas y sentido que le dirigen a la fijación de metas. Esa fuerza que dirige emocione s y afectos buscando las metas recorre la vida como un hilo rojo. Mi evolución depende de que me responsabilice de mi vida, asumiendo mi destino, lo que me convierte en un ser autónomo. 

Rudolf Steiner nos da una imagen post-mortem diferente a la católica ―cuando morimos podemos reparar los fallos cuando vemos la vida retrospectivamente en una gran panorámica y vivimos las consecuencias de nuestros actos desde la vivencia del otro.‖ Lo que más nos hace sufrir es lo que ha quedado sin acabar.


 

Los septenios y sus transformaciones
Los tres primeros septenios (septenios del cuerpo), desde el nacimiento hasta los veintiún años, se reflejarán en los tres septenios de la madurez. Este será un reflejo consciente; es decir, aquí comienza a actuar la conciencia que la persona pone en marcha para que se produzcan determinados cambios en ella.
Así como a los catorce años comienza la menstruación, a los cuarenta y nueve años comienza la menopausia.
Así como a los catorce años, anímicamente, el joven compite, el varón y la mujer se diferencian y los grupos que forman se destruyen entre sí; a partir de los cuarenta y dos años, las personas tienen, en general, otra manera de relacionarse, tienden a formar comunidades y trabajar con ideales comunes.
Así como a los catorce años, comienza la vida sexual; a los cuarenta y dos años, puede empezar a caducar el interés por la sexualidad, a caducar con un sentido de transformación.
A los catorce años, todo lo relacionado con el cuerpo tiene enorme importancia, mientras que, a partir de los cuarenta y dos años, este interés se transforma en algo que podemos llamar espiritual y comienza a plantearse el tema de la muerte.
A partir de los cuarenta y dos años, aparecen crisis que pueden ser físico - anímicas. Una crisis física consiste en sentir que el cuerpo físico ya no responde como antes y, en este caso, la persona puede reaccionar de dos maneras:
  • luchando contra esta situación, pudiendo matarse en el esfuerzo.
  • aceptando lo que le ocurre y, así, adoptar una nueva actitud frente a la vida. En este caso, surgirán las necesidades espirituales.
El septenio de los cuarenta y nueve a los cincuenta y seis años tiene como espejo el septenio de los siete a los catorce años.
Así como a los siete años el niño comienza su escolaridad; a partir de los cuarenta y nueve años el ser humano necesita enseñar, se transforma en maestro. Esta es una necesidad vital; el ser humano necesita ser escuchado, necesita transmitir algo, en suma, necesita dar.
Así como entre los siete y los catorce años empiezan los hábitos; entre los cuarenta y nueve y los cincuenta y seis años será muy importante trabajar sobre los hábitos adquiridos, ya que, en este septenio, se desarrolla una fuerza que nos permite cambiar nuestros hábitos.
En el último septenio, entre los cincuenta y seis y los sesenta y tres años, se producen alteraciones sobre todo en lo que respecta a la memoria. Es muy común que las personas de esta edad olviden hechos recientes; sin embargo, están revitalizando hechos que ocurrieron entre el nacimiento y los siete años, hechos que se recuerdan con gran claridad.
A partir de los cuarenta y dos años y a lo largo de los septenios que siguen es muy importante recuperar las vivencias infantiles, no sólo recuperarlas sino revitalizarlas y transformarlas. Una característica de la niñez es el asombro, así como también el egoísmo. Por lo tanto, en esta etapa de nuestras vidas es ideal percibir la necesidad del otro, desarrollar nuestra capacidad para escucharlo y, de este modo, lograr el asombro. Precisamente, gracias a estas vivencias el mundo se desplegará ante nosotros y podremos transformar el egoísmo infantil en la capacidad para reconocer al otro.
A partir de los cuarenta y dos años es fundamental comenzar un trabajo constante con el desapego y con el perdón. El desapego cobrará una importancia cada vez mayor a medida que pasan los años ya que con el paso del tiempo la persona tiene menos necesidades materiales. El desapego constituye una muy buena señal en el camino de la evolución personal.
El trabajo con el perdón es mucho más difícil y requiere una preparación espiritual.

Trabajo espiritual para los Septenios del Espíritu

Existen cinco cualidades que se manifiestan en una evolución sana de un proceso biográfico de madurez, ancianidad y muerte. Estas son: unicidaddesapegoamor al prójimoagradecimiento yperdón.
La sensación de unicidad ocupa el centro del alma del hombre y de allí se desprenden las otras cuatro características. La idea de que la unicidad ocupa el centro del alma ha surgido al observar que, cuando la persona llega a experimentarla, las otras cualidades pueden ser alcanzadas sin dificultad. Ocupar el centro significa que la persona se siente ubicada allí reiteradamente y hace de esto un aspecto central de su vida.
Al hablar de la sensación de unicidad nos referimos a esa especial sensación de unidad con el Todo. Pero, ¿qué es el Todo? En realidad, no hay conceptos que puedan definirlo, ya que en el caso de lograrlo, lo definido dejaría de serlo; simplemente, el Todo Es.
Las personas, que han hecho abandono de su cuerpo físico en una situación de extremo riesgo, como un accidente o una operación quirúrgica, describen la sensación de unicidad como la sensación de no poseer un cuerpo y, a la vez, de sentirse parte del Universo. El cuerpo es el Cosmos mismo y la sensación de unicidad se manifiesta con la esencia de las cosas y no con las cosas en sí. Las cosas del mundo físico se vivencian como una consolidación material de aquella esencia. Sin embargo, no es una fusión cósmica con pérdida de conciencia; siempre existe la conciencia de sí mismo participando y gozando de esta experiencia inédita.
Cuando la experiencia cesa y se retorna al cuerpo, por lo general, se duda de lo vivido, ya que el imperio de los sentidos y nuestro condicionamiento cultural no dejan resquicios para experiencias suprasensibles. Pero lo más valioso de estas experiencias es el cambio de vida de quienes las han vivido y su necesidad de conocimiento acerca de los mundos espirituales.
Existe otra forma de acercarse a esta sensación de unicidad y es la que verdaderamente interesa en todo proceso biográfico. No se manifiesta bruscamente y no posee ni la fuerza ni la intensidad de las experiencias relatadas por las personas que atravesaron por dichas situaciones de extremo riesgo. Es un proceso que se instala lentamente, a partir de la cuarta década de la vida, debiendo ser cultivado cuidadosamente. En este caso, si la persona abre sus sentidos a esta nueva sensación de unicidad, decidiéndose a profundizarla conscientemente, se habrá iniciado el verdadero camino del principiante que aspira a la fraternidad y unidad en el camino espiritual. Para este proceso son de gran ayuda la meditación diaria y la observación constante de sí mismo. De esta manera, es posible romper con la esclavitud de la conciencia de vigilia y apreciar la causalidad.
Al tomar conciencia de esta causalidad, que obra en nuestra existencia, nos preparamos para abordar el concepto de karma. Sólo así, la vida adquiere sentido como escuela y cada tropiezo será bienvenido por el mensaje que encierra. Todo hecho deberá relacionarse con la causalidad y el orden universal y, así, la persona logrará instalarse, poco a poco, en la sensación de unicidad emergente. Más aún, todo conocimiento adquirido debe apuntar a la unión con el Todo y aquel conocimiento antiguo deberá ser reformulado en relación con la Totalidad.
Cuando este estado de unicidad ocupa el centro del alma se percibe una agradable sensación de paz y un germinar de sentimientos serenos de amor y fraternidad universal.
Estas sensaciones de unidad y de paz interior suelen despertar el desapego.

 ¿Qué es el desapego?

  • Es un cambio de valores.
  • Es la transformación de valores materiales en valores espirituales.
  • Es un valor que está en el centro, equidistando entre la posesión y la indiferencia.
El verdadero despego produce una sensación de paz y esta misma sensación lo incentiva. La actitud de desapego estimula en la persona la alegría de descubrir que necesita cada vez menos para estar cada vez mejor. Desapegarse no significa no tener, significa no depender de lo que se tiene. Los valores materiales susceptibles de ser trabajados internamente como actitud de desapego abarcan todos los sbjetos físicos que nos rodean, desde los más insignificantes hasta los más grandes.
Mucho más difíciles de ser abandonados son los valores anímicos, porque son más sutiles y están menos expuestos al campo iluminado de nuestra conciencia; por ejemplo, los roles que ejercemos diariamente, el prestigio alcanzado o el manejo del poder.
Las razones espirituales del desapego son casi obvias: la conciencia superior sabe de lo efímero de la existencia física; basta elevarse a otro nivel de conciencia para que el desapego del mundo físico se constituya en un hecho lógico y necesario. Desde el punto de vista de la conciencia de vigilia u objetiva, hay un solo acontecimiento en la vida que no resiste la menor objeción por parte de la razón, esto es la muerte del cuerpo físico. Es muy comprensible, entonces, que a partir de la segunda mitad de la vida esta tremenda verdad humana cobre fuerza inconscientemente en el alma.
Todo desapego del mundo de los sentidos, antes de enfrentar la muerte física, facilitará enormemente el tránsito hacia el otro plano de conciencia y permitirá, en futuras encarnaciones, disfrutar serenamente del proceso tan temido.
La sensación de unicidad y la actitud de desapego confluyen en un sentimiento muy elevado el amor al prójimo.
"Amarás al Señor, tu Señor, y al prójimo como a ti mismo" encierra una verdad oculta: el re-conocimiento de la Divinidad en el otro así como en nosotros mismos. Reconocer a Dios en el otro y en nosotros sólo es posible merced a una profunda devoción y reverencia que despierta en el hombre la emanación divina que vive en su Espíritu.
El amor al prójimo se cultiva y crece. Es un largo camino que parte del egoísmo para llegar al altruísmo, al otro. Desde un punto de vista es un proceso que, por un lado, recibe aportes de launicidad y del desapego y, por otro lado, del agradecimiento y del perdón. Es una sensación que se instala en nuestro Ser y se manifiesta como sensibilidad ante la necesidad ajena. Cuando esta sensibilidad se expande en el alma, se expresa en el mundo como acto de generosidad.
La sensación de amor al prójimo siempre despierta un sentimiento de sana alegría, un verdadero bálsamo anímico-espiritual.

¿Y qué podemos decir del agradecimiento y del perdón?

El agradecimiento es una sensación muy poco cultivada en el alma humana. El agradecimiento nace de los hechos más insignificantes, como respirar, caminar conscientemente, oir el canto de un pájaro, presenciar una puesta de sol, recostarse sobre el tronco de un árbol o acariciar a un animalito. Todo esto despierta un sentimiento de amor y fraternidad universal que incentiva el amor al prójimo, pudiendo trascenderse lo humano para llegar a lo divino.
El perdón provoca una sensación de benevolencia. Si analizamos el vocablo en detalle nos encontramos que la palabra perdón se compone de una preposición inseparable: per, que rrefuerza su significado y de un verbo que tiene una profunda sognificación en sí mismo como acción de desprendimiento y entrega, donar. Sin embargo, en el mismo vocablo permanece en silencio otro significado el de don. El sentido de la donación es el de la dádiva u ofrenda, como así también es una cualidad del ser huamno. Por lo tanto, el perdón es una verdadera cualidad del hombre que le permite desprenderse tanto de objetos materiales como del orgullo personal; desapego, para ofrecer una dádiva; amor al prójimo, que estimula en el espíritu la sensación de agradecimiento que lo une con el Todo, unicidad.
Aquí hablamos del perdón como una actitud del alma en relación con el mundo; una actitud libre que, en cada momento, podemos elegir asumir o rechazar. La actitud interior de perdonar encierra un doble aspecto: anímico y espiritual. En el aspecto anímico produce un alivio y una liberación, es un desprenderse de algo que a su vez nos mantenía atrapados y esclavizados. Nos desprendemos de sentimientos tales como odio, humillación, dolor.
En el aspecto espiritual, el trabajo consciente del perdón nos abre las puertas del aprendizaje, nos torna flexibles y compresivos con respecto a la naturaleza humana. Es un excelente instrumento para cincelar aspectos oscuros del alma y nos abre el camino a la indulgencia y la compasión. La compasión se apoya en la humildad y es el profundo sentimiento de amor cristiano hacia el semejante, sin guardar relación con el sentimiento de lástima.
Saber que el otro es nuestro espejo, que los mismos errores que hoy criticamos fueron nuestras equivocaciones ayer, que en nuestro corazón y en el de nuestros semejantes brilla la misma luz, es suficiente para que se agigante el sentimiento de unicidad y amor al prójimo. Por estos motivos, los tres septenios de Espíritu constituyen, en cada encarnación, la oportunidad de que el Yo evolucione un poco más para acercarse a sus verdaderas metas espirituales.
Por lo tanto, el perdón es una verdadera cualidad del hombre que le permite desprenderse tanto de objetos materiales como del orgullo personal; desapego, para ofrecer una dádiva;amor al prójimo, que estimula en el espíritu la sensación de agradecimiento que lo une con el Todo, unicidad.

La Vida continúa: ¿ancianidad o vejez?

A partir del noveno septenio (63 años en adelante) comienza una etapa signada por una nueva polaridad: el predominio de las tribulaciones físicas y anímicas donde “todo duele o molesta” o la aparición del sol de la sabiduría donde el agradecimiento a la Vida preside todos nuestros actos.
Es una etapa difícil, pero no imposible, para introducir cambios sustanciales en la propia vida. La muerte del cuerpo físico constituye un hito cercano; se puede optar entre la añoranza de la lozanía perdida ( himno a la decreptitud) o expandir la conciencia más allá del destino final de dicho cuerpo (himno al Amor). De nosotros depende seguir el camino de la ancianidad o la vejez.
El diccionario de la Real Academia presenta a los dos conceptos (ancianidad y vejez) como sinónimos, pero ofrece algunos ejemplos sutiles que llevan a la reflexión.
Lo obvio es, en este caso, también significativo: Anciano (letra A) figura al comienzo y Viejo (letra V) al final.
La palabra “anciano” deriva de “ante”, y ya se utilizaba a mediados del siglo XIII; otros sinónimos que aparecen son “patriarca” y “abuelo”, los cuales transmiten en sí mismos una sensación de ancianidad sabia y respetable.
Por su parte, la palabra “viejo” ostenta también algunos sinónimos tales como “deslucido” y “estropeado por el uso”, que hacen innecesario agregar comentario alguno. Etimológicamente deriva del vocablo “vetus”, y su evolución fue la siguiente:
En el siglo XVII, veterano
En el siglo XIX, veterinario (El significado tenía relación con las “bestias de carga”, es decir, animales viejos, impropios para montar y que necesitan de un veterinario más que los demás).
En el siglo XIX, vetusto (muy viejo)
De tal modo, si aplicamos estas reflexiones a la biografía, debe hacerse una diferenciación sustancial cuando un ser humano deviene viejo ó anciano.
Vamos a desarrollar los dos estados arquetípicos: ancianidad y vejez.
Observando el siguiente cuadro, surge con claridad la diferencia radical entre ambos arquetipos.
En cuanto a la vejez:
· Golpea con fuerza la conciencia de la madurez de quien la observa.
· La decrepitud, el deterioro de la forma y la desconexión con la realidad circundante se presentan ante nosotros como una pésima caricatura de lo que fue.
· El automatismo semiconsciente, el malhumor y un monótono parloteo estimulan la necesidad de ignorar la presencia del “viejo”.
· La debilidad del que grita y golpea se hace realidad ante nosotros.
· El viejo vive sumido en el egoísmo y la desconfianza.
· Tiene muchos miedos, le teme a la muerte.
· No existe la propia responsabilidad, la culpa siempre es ajena.
· Celebra su cumpleaños, o sea la cantidad de años vividos, y no sabe porqué.
· Vegeta, vive biológicamente.
· El destino es un geriátrico, al que le teme.
· La esclerosis de los órganos de los sentidos lo aísla cada vez más del mundo.
· Vive preso del cuerpo y de la vida.
· El espíritu se ha desconectado del cuerpo físico.
- Es su MUERTE.
En cuanto a la ancianidad:
· La imagen del anciano está unida a la sabiduría y el respeto; dos altos valores que hablan de la dignidad humana.
· La sensación de transitoriedad que deja traslucir ahora su vida, le brinda algo positivo: una conciencia cada vez más clara de lo que le pasa, de lo que es eterno. Sabiduría es aquello que surge cuando lo absoluto y lo eterno se manifiestan en la conciencia finita y transitoria arrojando luz sobre la vida.
· Su fortaleza interior le permite callar y escuchar. El anciano aprendió a escuchar y sabe cuándo debe callar.
· Cuando habla, su discurso siempre denota una cosmovisión del mundo.
· La reflexión, la prudencia y la oportunidad son sus características.
· Sabe perdonar y agradecer.
· Asume la responsabilidad de sus propios actos.
· Aprendió a confiar, y no teme que lo engañen.
· No tiene miedos.
· No le teme a la muerte, la aguarda.
· Acepta su destino y no tiene exigencias; podría vivir en un geriátrico pero nadie quiere privarse de su compañía.
· Su cuerpo envejece armónicamente, la esclerosis del cuerpo físico es soportada con nobleza; eso le otorga lozanía.
· Celebra el día de su aniversario (birthday) recordando el momento y la época en que llegó al mundo. Celebra la cualidad que posee dicha fecha en relación con su existencia.
· El espíritu sigue expresándose a través de ese cuerpo físico que envejece, expandiendo la luminosidad del Ser.
· Vive en sí mismo la libertad plena de su alma y de su espíritu.
· Es su RENACIMIENTO.
Características generales
Hemos hablado de la polaridad arquetípica ancianidad- vejez; sabemos que, como en toda división de lo humano en categorías, nadie se encuentra totalmente involucrado en una sola de tales polaridades. Es raro que la realidad individual sea blanca ó negra; en general, es gris claro ó gris oscuro. El proceso siempre es gris y se puede dirigir hacia la luz o hacia la oscuridad.
Por otra parte, lo expuesto, más que una descripción de lo existente es un alerta para quienes nos acercamos a esas etapas. Es ésta una semblanza espiritual de la vida después de los 63 años.
Por entonces deben existir objetivos de vida. El hombre o la mujer de esta edad puede observar que tiene por delante una gracia divina y esto estimulará su reconocimiento y veneración; no porque la vida sea tan bella sino porque puede estructurarla y analizar la existencia pasada evaluando así los distintos aspectos de la misma.



La Dra. Margarethe Hauschka impulsó la terapia artística en Boll, Alemania en 1962, de acuerdo con las tareas indicados por R. Steiner, y la convicción que el arte en el camino médico, es ayuda para la sanación del individuo así como en la pedagogía Waldorf.

Steiner era arquitecto y diseñador de su propia escuela, la escuela superior libre Goetheanum. Con formas orgánicas, cúpulas y en su interior paredes irregulares eliminando ángulos rectos para dar sensación de amplitud, según su intención favorecer la sensación de espiritualidad.

La pedagogía Waldorf se caracteriza por potenciar el desarrollo de las habilidades artísticas infantiles como vía de conocimientos y expresión natural del niño.

Cómo incluir Waldorf en tu vida con los niños: y con tu niño o niña interior

1. Favoreciendo los materiales nobles como madera, esparto, cuerdas, telas y/o metal. La pedagogía Waldorf evita los juguetes plásticos, porque desean potenciar la estimulación sensorial y conexión con los elementos naturales.

2. Facilitando materiales artísticos: como de materiales para reciclar.

3. Facilitando espacios que inviten al arte: desde un rincón de casa que sea el de las manualidades, como espacios al aire libre para crear arte con la naturaleza.

4. Trabajar transdisciplinarmente: tal como indica la palabra, que el trabajo artístico, la manualidad transiciones a otras disciplinas artísticas. Si habéis leído un cuento y dibujáis al personaje, otro día podéis hacerlo en barro, otro día la representación del cuento en marionetas…

5. Siendo el adulto que observa, acompaña y guía, no el que impone.

Para aprender a ser, para aprender a hacer.

La tarea de la Terapia Artística es comprender la actividad humana, su relación con la salud y enfermedad, e impregnar el campo artístico con pensamientos terapéuticos.

La terapia artística tiene en cuenta el destino de cada paciente individual. Y la comprensión que en lo anímico-espiritual están los orígenes de toda enfermedad. El mundo de los colores y de las formas nos da la revelación de toda esta interioridad, que puede ser observada y ayudada. Trabajar con estos elementos para trazar un recorrido terapéutico es su objetivo.

¿Qué es el Arte Terapia Antroposófica?


El Arte terapia Antroposófica es un medio de expresión como apoyo a toda clase de transformación personal donde ponemos en funcionamiento los 5 sentidos:

– la vista o la mirada hacia dentro (nuestro Yo), hacia nuestro entorno.

– el oído o la percepción auditiva interior/exterior.

– la respiración o la consciencia en la inhalación/exhalación durante la práctica artística.

– el tacto o el contacto de nuestros dígitos con nuestro entorno.

– la expresión verbal o la expresión de nuestras emociones (después de la sesión decimos lo que hemos sentido durante el proceso artístico o le ponemos un título)

El arte terapia es un medio en el que la persona puede expresarse artísticamente gracias a materiales como la acuarela, el pastel seco o graso, el dibujo, el collage, la artesanía con lana cardada y el barro.

La acuarela tiene una propiedad terapéutica de disolución como el estrés, el miedo y el dolor. Trabajamos la respiración y nuestros ojos se benefician de los colores que nos ofrece la naturaleza.

En la pintura y el dibujo contamos con esta fuerza sanadoras como aliados del terapeuta : los colores. El color nutre el alma e igual que un nutricionista desarrolla un plan de dieta a su paciente, el arteterapeuta tiene que saber donde recoger al paciente y hacia donde llevarlo, a fin de que sus aspectos desintegrados entre el alma y las funciones vitales puedan volver a interactuar. Por medio de la vivencia específica del color, de manera activa, repercute sobre la energía y fuerza vital. (Hay estudios realizados sobre este tema, especialmente en el ámbito de la fatiga y el dolor)

El pastel es una técnica muy completa con la cual se ejecuta el proceso de dar. Trabajamos con cada dedo (que tiene un significado) de nuestras manos. Nuestro corazón se entrega plenamente, nuestras manos son el canal de este órgano y nuestros dedos el canal de nuestras neuronas. Nuestros dos órganos: el corazón y el cerebro se ponen en conexión creando una red que canaliza nuestras emociones. Aquí es donde ocurre algo mágico, que perdimos en nuestra infancia y que volvemos a recuperar mediante este proceso artístico: el poder del asombro.

La músicoterapia es quizás la que menos explicación necesita : todos conocemos la alegría y la tristeza que una música puede despertar en nosotros ,la músicoterapia antroposófica va más allá, considerando los intervalos, las armonías, tanto como los instrumentos que usa, sea de viento, cuerda, arco, o sea la propia voz, sus efectos y dimensión terapéutica, ya que al hablar del sonido nos referimos a los principios del mundo creado.

El arte terápia tiene el objetivo de hacernos vibrar, hay una sacudida, un pellizco interior que nos despierta, nos emociona, nos da fuerzas, nos proyecta hacia un estado de luz interior. El color nos devuelve a la vida y cuando nos implicamos con nuestras manos puede ocurrir un milagro: suele aparecer una paz interior. Al descubrir esto se puede conseguir vivir el presente, eso nos conecta con la esencia y nos puede llevar a nuestro centro.

Con el dibujo trabajamos nuestro intelecto, la precisión. La geometría y el dibujo de forma infunden alegría, el dibujo rayado la paciencia, la concentración (nos ayuda a absorber el Hierro en nuestro organismo). El dibujo dinámico nos lleva al movimiento toroïdal, reactiva todos nuestros sentidos, el dibujo figurativo nos hace estar presente, disfrutar del momento.

El collage nos conecta con el momento actual.

La lana cardada nos transmite ternura, dulzura, cariño. Es envolvente.

El barro nos enraíza, nos da coraje, valentía, fuerzas, nos une con nosotros mismos, con nuestra madre tierra, nos puede transmitir paz.

Arteterapia antroposófica se trabaja con todas las edades, y se comprende como parte integrada en la medicina antroposófica, apoyando los procesos que el médico procura activar en su paciente.

Ahora te toca a ti sacar ese niño o niña interior. Se tu maestro


¿Pero que temperamento tienes?

La ciencia espiritual ha de enseñarnos el núcleo íntimo del hombre del cual lo que ven nuestros ojos y tocan nuestras manos es sólo la expresión externa, la envoltura externa, y cabe esperar que también comprendemos la parte exterior, si nos podemos acercar al ser espiritual interior (Steiner, 2004a: 7-8)

Podemos definir los temperamentos como una característica no visible del ser humano que tiene relación con su parte más íntima y espiritual, que determina características de la personalidad de los individuos. Aunque se trate de cualidades individuales, ya que ninguna persona es igual a otra, también es una cuestión colectiva, ya que hablamos de una característica de todos los seres humanos (Steiner, 2004a: 8-9)

Steiner habla de los cuatro miembros humanos; cuerpo físico, cuerpo etéreo, cuerpo astral y yo. Según él el temperamento dependerá de los miembros que predominen en cada uno de nosotros; ya que hay una gran variedad de temperamentos, pero siempre habrá uno que sobresalga por encima del resto. Por
esta razón Steiner nos propone cuatro temperamentos: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático. (Steiner, 2004a: 9)

Temperamento colérico 
El miembro (de los cuatro que propone Steiner) que se ha alzado por encima del resto es el Yo. El elemento de relación en la naturaleza es el fuego. Se trata de personas impulsivas e impacientes, que son prepotentes e irritables y que poseen un fuerte liderazgo frente a los demás. Son personas activas y voluntariosas. Su sistema nervioso es fuerte, rápido y desequilibrado. A los coléricos no les es fácil demostrar sentimientos hacia las personas y para ganárnoslos debemos ser dignos de ello. Los niños con temperamento colérico sienten devoción por aquellas personas que le demuestren autoridad, que controlen las situaciones que se le presenten y que son capaces de resolver dificultades. (Steiner, 2004a: 45-46) Hay dos maneras de motivar a un niño con temperamento colérico. En primer lugar poniéndoles obstáculos difíciles de resolver para así llamar su atención. Necesitan probar su fuerza. Y en segundo lugar, y de manera menos directa, es que el niño empiece a sentir respeto por el educador; de manera que debemos demostrarle que sabemos resolver conflictos y dificultades que él no ha podido solventar para poder ganárnoslos. (Steiner, 2004a: 46)

Temperamento sanguíneo 
Este temperamento surge cuando el cuerpo astral sobresale del resto. Es el temperamento propio de la niñez. Se relaciona con el elemento aire. Son personas con faltas de disciplina, vivaces, extrovertidas y con un humor variable; por otro lado son muy influenciables y tienen la necesidad de estar rodeado de otras personas. Tienen un sistema nervioso rápido y equilibrado. Los niños sanguíneos se caracterizan por no poder mantener su interés sobre algo durante un periodo muy largo de tiempo. Su interés pasa de una cosa a otra rápidamente (Steiner, 2004a: 42-43) No podemos inculcarle nada que no esté en su temperamento. No debemos preguntarnos: ¿Qué le hace falta a este niño? Al contrario, debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que posee en general el niño sanguíneo? (…) trabajamos sobre la naturaleza sanguínea sobre la movilidad del cuerpo astral, y no tratamos de imponerle forzosamente lo que pertenece a otro miembro de la naturaleza humana. (Steiner, 2004a: 41-42) Al niño sanguíneo, por muy acusado que sea este temperamento en él, siempre hay algo que llama su atención plenamente. El papel del educador es encontrar ese algo y atraerlo hacia ello (Steiner, 2004a: 45)

Temperamento melancólico 
El miembro predominante es el cuerpo físico. Este temperamento se relaciona con el elemento tierra y se suele caracterizar porque son personas con un fuerte talento artístico, inteligentes y con un gran sentido analítico y crítico, por otro lado también son pesimistas y viven con un exceso de preocupación. Tienen un sistema nervioso débil. El educador debe encontrar un vínculo que lo una al niño con temperamento melancólico intentando siempre no aliviar su pena o dolor. 12 Hay que enseñarle que en el mundo hay sufrimiento. (Steiner, 2004a: 47- 48) El niño melancólico está dispuesto al dolor, está facultado para sentir dolor, desgano; esta facultad está profundamente arraigada en su interior, no se la sacaremos con palizas, pero podemos derivarla. (Steiner, 2004a, p.47) El educador debe enseñarle el sufrimiento preparando situaciones u obstáculos para que pueda experimentarlos con el fin de evitar su indiferencia. Es importante que estos niños se relacionen o crezcan rodeados de personas que cuesten en su vida con experiencias difíciles. (Steiner, 2004a: 49) 

Temperamento flemático 
El miembro que predomina en este temperamento es el cuerpo etéreo. El elemento de relación es el agua. Entre los rasgos más característicos de las personas flemáticas destaca lo tranquilos, diplomáticos y tímidos que son. Su sistema nervioso es lento y equilibrado. Los flemáticos son personas muy poco influenciables. (Heydebrand, 1938: 27) El flemático necesita de la amistad y el contacto con la mayor cantidad posible de chicos de su edad. Este es el único camino para despertar la fuerza que duerme en él. Ninguna cosa impresiona al niño flemático. Con ninguna tarea de la escuela o de la casa podemos interesarlo, solo lograremos nuestro propósito mediante los intereses de las almas de su misma edad. (Steiner, 2004a: 51) Por ello cuando un niño/a llega a una escuela Waldorf el maestro debe analizar que temperamento es el que resalta en la personalidad de ese alumno/a para así poder guiarlo de una forma adecuada y adaptada para 13 que pueda sacar a relucir todo su potencial, teniendo en cuenta siempre su predisposición natural.


"Con constancia y paciencia se avanza cada día en el resurgir de una nueva era".

Los hijos y las Hijas del Amor.

Gracias por Ser, por Estar, por Compartir, por Colaborar en el Amor y la Gratitud

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