Qué ocurre detrás de nuestro fallecimiento
¿Qué ocurre detrás de nuestro fallecimiento?
Es una incógnita para nuestro limitado conocimiento.
Pero intentaré poner unas ideas básicas y racionales. A estas alturas ya tenemos claro que el cuerpo es energía y esa energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Es energía tiene una consciencia que aprende y evoluciona, lo que llamaremos: alma. El alma esta ligada al cuerpo por el cordón de plata. Cuando estamos formándonos en el vientre materno, el cordón umbilical nos da el sustento necesario para la creación, luego se corta cuando nacemos.
Algo parecido ocurre en la muerte física, el periodo de crecimiento y evolución finaliza y el cordón de plata se corta.
Aquí comienza un viaje de retorno, a veces complicado si el ser no tiene abierta la puerta del alma o tercer ojo. Siguiendo con el ejemplo del bebe, si el canal de parto está obstruido o el bebe esta mal cocado, se debe realizar una incisión en el cuerpo de la madre para extraerlo, sino será la muerte de los dos. Cuando el alma está perdida, se abre un canal de luz para redirigir la a su camino y pueda caminar hacia el retorno.
Si no hay pesos mentales, este camino se realizará correctamente hacia la puerta d entrada de su dimensión correspondiente, sino, el alma deberá pasar una serie de pruebas donde poco a poco a poco soltará esos pesos. Hay entre la puerta del origen y la dimensión de donde sale el ama después de cortar el hilo de plata, un lugar que llamaremos “casas de sanación” donde seres de luz elevados ayudarán a estas almas a soltar los recuerdos mentales y emocionales.
¿Cómo? A través del agua la transmisión de energía
Una vez recuperada la esencia pura, ellas traspasarán la puerta del retorno.
¿porque sentimos muchas veces a familiares? Por dos cuestiones, si la sentimos pesada, debemos abrir un canal de luz para elevarla a las casas de sanación. Si la sentimos iluminada a través de los sentidos (olor, luz, presentimiento…) estará en las casa de sanación y habrá venido a concluir un proceso, solo hay que dejar y agradecer. No interferir pues ella debe concluir para poder liberase y traspasar la puerta del retorno.
Cuando ya han traspasado la puerta del retorno se convierten en ancestros que nos guían en nuestro camino personal, comienzan a formar parte de nuestras intuiciones y presagios. ¿pero porque si ya están en su origen seguimos sintiéndolos como los conocimos? Esta pregunta se responde por nuestra limitada capacidad mental o cerebral. Un ejemplo es esa madre o padre que le habla en términos sencillos a su hijo para que comprenda. Es el mismo razonamiento. Es una pantalla para que nosotros podamos comprender su mensaje de ayuda y guía.
¿Por qué nos cuesta diferenciar estos tres estados del alma? La clave es el sentir y los conceptos mentales limitados. La primera fase de perdida, la sensación es de pesadez y frio. La segunda es ligera y semejante a una corriente eléctrica que pasa por la espalda y la tercera es una sensación de plenitud y bienestar, de arrope.
El proceso de muerte es muy similar al del nacimiento, pues realmente la muerte es un nacimiento. Hay unos días previos donde las señales son notorias y el alma se prepara despidiéndose de lo conocido hasta ahora, siempre hay miedo a lo desconocido, y este caso mucho más. Pues dejamos de tener el control absoluto de lo que nos es cotidiano. Pero hay algo que el alma cansada ya ansia, y si la mente no se resiste, la muerte física es una transición dulce y calmada.
Hay muchos tipos de muerte, la normal por envejecimiento, la repentina por accidente, o la pronta por enfermedad. Y la peor, el suicidio. Todas tienen en común que el alma ya está preparada, menos en la del suicidio, que es la mente la que termina con la vida. En el resto, aunque el alma este avisada, la mente, en muchos casos no, y crea esas resistencias que nos llevan al dolor.
Ese dolor de buscar la inspiración detrás de cada exhalación, pues la muerte comienza con la última exhalación. Se suelta el aire, se pierde el calor, se pone rígido el cuerpo y se sueltan los líquidos.
A la inversa de como hemos llegado a este planeta y dimensión.
Vamos a pincelar cuando la mente termina con la vida. El alma queda sola vagando su tiempo programado. Viviendo todas las experiencias de aprendizaje sin poder intervenir, acumulando dolor, peso y oscuridad. ¿se puede ayudar? Recoger almas que se han suicidado es una tarea complicada, pues hay que sumergirse en el lodo de los egregores mentales sin perdernos. Una vez recogida se entre a esas almas angelicales que las tendrán en espera hasta el día que fuese por contrato su muerte física y luego se les dará otra oportunidad de regreso con nuevas directrices más las que evitó realizar.
(los egregores, son formaciones de energía mental. Como pequeños mundos creados por la intensidad de pensamientos concentrados, hay muchas clases, pueden ser creados por una religión, por una ideología, por un miedo colectivo… hay otros más pequeños formados por grupos familiares o individuales cuando repetidas veces redirigimos nuestra focalización en pensamientos limitantes. Su vida está condicionada por la suma de energías focalizadas en esos pensamientos, cuando no son alimentados por ellos desaparecen)
Nos da miedo morir, pero cada día estamos conviviendo con ella, células, animales, conocidos, guerras, catástrofes naturales. Si el humano hablase de ella con normalidad , dejaría de ser un tabú que crea potentes desajustes mentales y enfermedad
Morimos
El verbo "morir" significa principalmente dejar de vivir. Pero qué entendemos por vivir: "Vivir" es un verbo en español que significa tener vida, habitar un lugar o subsistir. También se usa para describir la experiencia de una vida plena, el disfrute del presente o el mantenimiento de algo en la memoria. Sus sinónimos incluyen palabras como subsistir, residir y perdurar.
En estos sinónimos encontramos la clave , ¿Nuestra conciencia perdura? El alma que nos define, ese espíritu que nos da la vida, ¿Va más allá de nuestro cuerpo físico?
La muerte física es la terminación de la vida biológica de un cuerpo, entendemos que es el fin de un ciclo biológico y desde una visión espiritual es el resultado de la separación del alma y el cuerpo. Dicho de otra forma: La muerte biológica es el cese de las funciones corporales vitales como la respiración y los latidos del corazón, y en contextos espirituales la muerte se considera una transición a otra forma de vida.
La muerte física pasa por cuatro estadios:
Palidez (Pallor mortis): La piel se vuelve pálida debido a la interrupción de la circulación sanguínea.
Enfriamiento (Algor mortis): El cuerpo pierde calor gradualmente hasta alcanzar la temperatura ambiente.
Lividez (Livor mortis): Se forman manchas de color rojo o morado en la piel por la acumulación de sangre.
Rigor mortis: Los músculos se ponen rígidos debido a los cambios químicos que ocurren en las células musculares después de la muerte.
Los científicos han estudiado las experiencias cercanas a la muerte (ECM) para tratar de comprender cómo la muerte supera al cerebro. Los componentes típicos de estas ECM, incluyen la experiencia de salir del cuerpo, la sensación de paz, la visión de una luz intensa o encuentros con seres queridos fallecidos, y a menudo resultan en una transformación profunda en la visión de la vida y la muerte de la persona. La ciencia investiga estas experiencias desde perspectivas neurofisiológicas y psicológicas.
Según el Dr. Parnia, incluso cuando cesa nuestra respiración y deja de latir nuestro corazón, permanecemos conscientes entre dos y veinte segundos. Ese es el tiempo que se cree que dura la corteza cerebral sin oxígeno. Es la parte del cerebro encargada de pensar y tomar decisiones. También es responsable de descifrar la información que recogen nuestros sentidos.
Los testimonios de personas cercanas a la muerte puede ayudarnos a comprender lo que hay al otro lado , pero, aún no hay datos concluyentes de que ocurre cuando nuestro cuerpo físico muere
Otro fenómeno que nos puede ayudar a seguir preguntándonos si hay algo más que lo físico es “la lucidez terminal” es un fenómeno en el que una persona gravemente enferma experimenta un aumento repentino y temporal de la claridad mental y la energía, a menudo poco antes de fallecer. Los pacientes pueden mostrar una comunicación más coherente, reconocer a sus seres queridos y parecer "rejuvenecidos", aunque esta mejora suele ser seguida por un rápido deterioro de la salud. Este episodio también se conoce como "mejoría antes de la muerte" o "lucidez paradójica" y se ha documentado a lo largo de la historia, aunque sus causas exactas aún no se comprenden por completo.
Para saber como afontar el miedo a la muerte te dejamos este enlace
¿Sentimos dolor al morir?
Según los expertos, es poco probable que sintamos dolor en el momento de morir. Esto se debe a varios factores fisiológicos y neurológicos que ocurren en las etapas finales de la vida.
Las investigaciones lo ratifican. Específicamente, un estudio que, aunque no aborda directamente el proceso de la muerte, ofrece información sobre cómo el sistema nervioso procesa el dolor y cómo ciertos cambios fisiológicos pueden alterar esta experiencia.
En primer lugar, nuestro cerebro libera sustancias químicas que nos ayudan a sentirnos en paz. Entre ellas se encuentran la noradrenalina y la serotonina, estas moléculas son hormonas y neurotransmisores. Cuando son liberadas por el cerebro pueden evocar emociones positivas y alucinaciones, reducir la percepción del dolor y promover la sensación de calma y tranquilidad.
Además, cuando se acerca la muerte, las personas suelen ser muy poco sensibles. Esto se debe a que el cuerpo comienza a apagarse gradualmente y, con ello, la capacidad de sentir dolor disminuye. Los sentidos se van perdiendo, y parece ser que en un orden específico: primero el hambre y la sed, y a continuación, el habla y la visión. El tacto y la audición son los últimos en desaparecer, lo que podría explicar por qué muchas personas pueden escuchar y sentir a sus seres queridos en sus momentos finales, incluso cuando parecen estar inconscientes.
Perspectivas religiosas principales
Cristianismo: Se cree que la muerte es un paso hacia una vida eterna en presencia de Dios, a menudo asociada con la esperanza de la resurrección y la vida eterna en el cielo. El cristianismo tiene diferentes ramas con interpretaciones específicas sobre la vida después de la muerte, incluyendo el juicio de las almas.
Islam: La muerte es vista como una transición entre la vida terrenal y el más allá, y es un evento inevitable y predeterminado por Dios. Tras la muerte, se produce una resurrección y un juicio que determinará el destino del alma en el paraíso o el infierno.
Budismo: Se centra en el ciclo de reencarnación (samsara) donde las almas renacen continuamente hasta alcanzar la iluminación (nirvana), un estado de liberación del ciclo de muerte y renacimiento.
Hinduismo: Similar al budismo, cree en el ciclo de reencarnación, donde el alma (atman) busca liberarse (moksha) de este ciclo a través de la purificación y la mejora en vidas sucesivas.
Judaísmo: Se enfoca en la idea del Mundo Venidero (Olam Ha-Ba), donde un Mesías restaurará una vida sagrada.
Religiones africanas: A menudo no ven la muerte como algo negativo, sino como una ascensión al mundo espiritual, donde los ancestros continúan desempeñando un papel en la vida de sus descendientes, como protectores de la familia.
Perspectivas espirituales
Supervivencia del alma o espíritu: Muchas creencias sostienen que el alma o espíritu es la esencia de una persona y continúa existiendo después de la muerte del cuerpo físico.
Alma o espíritu. Algunas filosofías diferencian estos dos conceptos. El espíritu es la parte más íntima y profunda del ser, conectada directamente con Dios, mientras que el alma es la esencia de la persona, que incluye la personalidad, las emociones y la voluntad. El espíritu es el receptor de la vida divina y la conexión con Dios, mientras que el alma es "quién eres", con sus pensamientos y decisiones
El alma es un aspecto individualizado del Espíritu. Toma forma para poder crecer, perfeccionarse y transformarse a través de la experiencia. El alma está en constante cambio: forma memoria, acumula impulsos kármicos, forma inclinaciones.
El espíritu es la fuente inmutable y eterna de la conciencia. Es una luz que nunca se apaga, incluso cuando el Alma deambula entre nacimientos y muertes. Siempre permanece en unidad con la Fuente Primordial. Es el silencio entre los latidos, la paz entre las vidas.
Juicio final: Algunas creencias religiosas, como la islámica y la cristiana, postulan un juicio después de la muerte donde las acciones en vida son evaluadas para determinar un destino eterno.
El juicio final es un concepto religioso que generalmente se refiere a un juicio que ocurre después de la muerte, y que está relacionado con la muerte misma y la vida después de ella. Las creencias varían, pero generalmente distinguen entre el juicio particular, que ocurre inmediatamente después de la muerte para el alma individual, y el juicio universal, que tendrá lugar al final de los tiempos y al que asistirán todos los seres humanos.
Cielo, infierno y purgatorio: Algunas tradiciones describen destinos espirituales como el cielo (la bienaventuranza), el infierno (la condenación) o el purgatorio (un estado de purificación).
El cielo, el infierno y el purgatorio son conceptos teológicos que representan el destino de las almas después de la muerte. El cielo es la unión con Dios, el purgatorio es una purificación temporal para los que se salvan pero no están completamente purificados, y el infierno es la separación eterna de Dios para quienes mueren en estado de pecado mortal. Algunas Iglesias enseñan que quienes mueren en gracia de Dios, pero imperfectamente purificados, van al purgatorio para alcanzar la santidad necesaria para entrar al cielo
Las "casas de curación" para almas después de la muerte son un concepto que puede interpretarse de varias maneras, desde un viaje espiritual a un "mundo de espíritus" para la evolución del alma, hasta la creencia en un estado intermedio como el "purgatorio" o "umbral", donde el alma revive sucesos negativos y es ayudada por familiares y entidades espirituales hasta que es capaz de desapegarse del ego y evolucionar.
Reencarnación: En algunas religiones, como en el hinduismo o el budismo, se cree en la reencarnación, donde el alma renace en un nuevo cuerpo para continuar un ciclo de vida y muerte.
La reencarnación es la creencia de que la esencia individual de un ser (alma o espíritu) renace en un nuevo cuerpo físico tras la muerte biológica. Este proceso, también conocido como renacimiento o transmigración, se encuentra en diversas religiones y filosofías, especialmente en el hinduismo, budismo y jainismo. Para muchos creyentes, este es un ciclo de continuo crecimiento espiritual influenciado por acciones pasadas, conocido como karma.
Dos cuentos sobre la muerte y su sentido espiritual. Pincha en los enlaces:
LA VELA APAGADA, CUENTO DE JORGE BUCAY
Cuento budista sobre la muerte
Resumiendo:
Teniendo en cuenta todas estas perspectivas espirituales, podemos interpretar que cuando el cuerpo muere su alma:
O se purifica en un estado intermedio para continuar viaje o regresar a ese nirvana, cielo u hogar.
O regresa reencarnando hasta purificarse
Estas dos opciones, no pueden darse a la vez, porque una asume la libertad de un alma a progresar o regresar y otra una imposición donde, hasta que el alma no sea digna, no puede volver a su nirvana, cielo u hogar.
El espíritu, es la esencia o consciencia que ayuda al alma a experimentar y crecer. Se dividen otra vez los conceptos, hay un espíritu amoroso que alberga la libertad de las almas en su proceso de experimentar y crecer, y otro espíritu divino juez.
Cada uno debe encontrar su explicación que se adecue a su sentir. Quizás como seres humanos duales vemos extremos y es donde la balanza se equilibra , donde se encuentra la respuesta.
Budismo y muerte
(Incluyo este apartado, por su sencillez, y aclarando que esto descrito, se puede aplicar a cualquier filosofía espiritual.)
En primer lugar se produce lo que los maestros llaman la disolución externa, que es cuando se disuelven los sentidos y los elementos, no referidos a elementos materiales sino a cualidades correspondientes a tierra, agua, aire y fuego. De forma sencilla se detalla este proceso:
Los sentidos dejan de funcionar, ésta es la primera fase.
La disolución de los elementos comienza con el elemento tierra. El cuerpo pierde toda su fuerza, no tiene energía. Experimenta pesadez e incomodidad. Se instala la palidez y las mejillas se hunden. Experimentamos debilidad y fragilidad, alternativamente tenemos la mente agitada y delirante y luego somnolencia.
Después el elemento agua: perdemos el control sobre nuestros líquidos, tenemos la sensación de que los ojos se secan en las cuencas. Tenemos mucha sed, la boca y la garganta pegajosas y obstruidas. La mente se nos vuelve brumosa, frustrada, irritable y nerviosa.
El elemento fuego: se secan por completo la boca y la nariz, se va el calor del cuerpo. Al respirar el aire que pasa por la boca y la nariz es frío. La mente oscila alternativamente entre la claridad y la confusión y ya no recordamos cómo se llaman nuestros parientes y amigos, ni les reconocemos. Kalu Rimpoché escribe: “Para la persona que está muriendo su experiencia interna es la de ser consumida por una llama, de hallarse en medio de un rugiente incendio, o quizá la del mundo entero consumido por un holocausto de fuego”.
El elemento aire: cada vez es más difícil respirar. Emitimos estertores y resuellos. A medida que el intelecto se disuelve la mente queda perpleja, sin conciencia del mundo exterior, todo se vuelve borroso y se va la última sensación de contacto con el entorno físico. Hay alucinaciones y visiones: si ha habido mucha negatividad en nuestra vida quizá veamos formas aterradoras, si hemos llevado una vida amable y compasiva acaso experimentemos visiones dichosas y celestiales. Para los que han llevado una buena vida, en la muerte hay paz en lugar de terror. Nuestras inhalaciones son cada vez más superficiales y nuestras exhalaciones más largas, hasta llegar a tres largas exhalaciones finales y de pronto se interrumpe la respiración. Sólo queda un ligero calor en el corazón. Todos los signos vitales han desaparecido, y éste es el momento en el que en una situación clínica moderna se nos declara “muertos”.
Pero los maestros budistas hablan de un proceso interno que todavía prosigue. Es la disolución interna:
Se disuelven los estados de pensamiento y emociones, tanto bastos como sutiles, y van apareciendo cuatro planos de conciencia de creciente sutileza
Se desarrolla un proceso inverso al de la concepción, en relación a las esencias heredadas de nuestro padre y de nuestra madre; mediante un proceso determinado de los centros y canales energéticos sutiles ambas esencias se encuentran.
Este proceso de encuentro da lugar, primero, a una experiencia como de “un cielo iluminado por la luna” y de percepción extraordinariamente clara, en la que todos los estados de pensamiento que derivan de la ira llegan a su fin. Es el resultado del descenso de la esencia del padre desde la zona de la coronilla hasta la zona del corazón. Después, la esencia de la madre asciende por el canal central del cuerpo desde la zona del bajo vientre hasta el corazón, experimentando una visión como “un sol que brilla en un cielo puro”, y una gran dicha cuando todos los estados de pensamiento que derivan del deseo dejan de funcionar. El encuentro en el corazón de ambas esencias se experimenta como “un cielo vacío envuelto en la más profunda tiniebla” y un estado mental libre de pensamientos.
Cuando empezamos a recobrar ligeramente la conciencia, amanece la Luminosidad Base, o Clara Luz del Ser, como “un cielo inmaculado libre de nubes, bruma o niebla”. El Dalai Lama afirma: “Esta conciencia es la mente más sutil e íntima. La llamamos naturaleza de Buda, la fuente real de toda conciencia. El continuo de esta mente perdura incluso en la budeidad”.
Consejos para el acompañamiento a moribundos
Todos los consejos y normas culturales en las sociedades influidas por la enseñanza budista sobre el proceso de la muerte están orientadas a facilitar este tránsito. El manifiesto de los maestros budistas es que todos los seres humanos tienen el derecho a morir con los mejores cuidados, no solo físicos sino, y muy especialmente, espirituales.
Para poder tener un acercamiento auténtico a alguien que está en trance de muerte es necesario hacerle frente a la propia muerte, al propio dolor que anida en el fondo de nuestro corazón y que aflorará antes o después, y sin posibilidad de aplazamiento, en el momento de la propia muerte. Es necesario tener el coraje y la autenticidad de abordar el estudio de nosotros mismos. Si nunca o en muy pocas ocasiones, hemos entrado en intimidad con nosotros mismos, en el silencio interior que proclama nuestro ser, con todos sus placeres y sufrimientos, ¿cómo vamos a poder acompañar a quien se encuentra en ese proceso de disolución con todo lo que eso conlleva?
El moribundo lo está perdiendo todo. Imagínese lo que pueden ser esos temores: miedo a la indignidad, a la dependencia, a la separación de todo lo que amamos, a perder el control, a perder el respeto. Miedo al propio miedo, que es el miedo más poderoso. Enfrentar nuestro propio miedo nos volverá cada vez más hábiles para ayudar a las personas que se enfrentan a su muerte.
Vamos a resumir algunos de los consejos que el maestro Sogyal Rimpoché recoge en su “Libro tibetano de la vida y de la muerte” para el acompañamiento a los moribundos.:
Manifestar un amor incondicional, libre de toda expectativa. Para ello será necesario que aprenda a ponerse en su lugar y reflexione qué es lo que usted necesitaría en esa situación.
Tocarle mucho, mirarle a los ojos, trátelo como a un ser vivo, no como a una enfermedad.
Darse cuenta que esta persona LO ESTÁ PERDIENDO ABSOLUTAMENTE TODO. Compórtese como quien trata realmente de comprender.
Ayudarle a aceptar las emociones reprimidas que surjan, como la rabia, la frustración, la tristeza, la culpa, la insensibilidad; son naturales.
No quiera ser demasiado sabio, solamente es necesario estar tan plenamente presente como pueda.
Sea sincero y dígale siempre la verdad, sobre él y sobre usted, de la manera más afectuosa posible.
Sea consciente de sus propios temores acerca de la muerte pues le ayudará en gran medida a ser consciente de los temores del moribundo.
Los maestros budistas hablan de la necesidad de morir conscientemente, con un dominio mental tan lúcido, nítido y sereno como sea posible. Para ello el primer requisito es controlar el dolor sin enturbiar la conciencia del moribundo, y hoy en día eso puede hacerse mediante combinaciones de medicamentos y no sólo narcóticos. Todo el mundo debería tener derecho a esa sencilla ayuda en ese agotador momento de tránsito.
Ayudar al moribundo a resolver los asuntos pendientes; ésta es una de las mayores causas de angustia. Morir en paz pasa por dejar resueltos los asuntos pendientes para que pueda relajarse el aferramiento:
Ayudar con discreción y sabiduría a la persona moribunda a hacer las paces con los familiares y amigos de quienes estén distanciados y a limpiar su corazón de modo que no le quede ni rastro de odio ni agravio. Manifestar amor mutuo es algo que libera profundamente todos los sentimientos de culpa, ira, frustración y aferramiento. También es importantísimo que los seres queridos den permiso a la persona para morirse, para marcharse en paz.
Ayudar a dejar resueltos con el máximo detalle los asuntos económicos y materiales, de este modo el aferramiento puede liberarse con más facilidad.
Es esencial que la atmósfera que nos rodea en el momento de la muerte sea lo más pacífica y serena posible. Los maestros aconsejan que los amigos y parientes afligidos no estén presentes junto al lecho del moribundo para evitar que provoquen emociones perturbadoras en el momento de la muerte.
Asimismo y para preservar esta atmósfera, es esencial que el personal sanitario no moleste a la persona que está muriendo con prácticas sanitarias que ya hayan perdido todo su sentido de curación y/o que infrinjan sufrimientos gratuitos e innecesarios a la persona.
Los amigos y familiares deben hacer todo lo posible para inspirar emociones y sentimientos sagrados, como amor, compasión y devoción, y hacer todo lo que podamos para ayudar a liberarse de todo aferramiento, anhelo y apego.
Si la persona moribunda se muestra mínimamente abierta a la idea de la práctica espiritual ayúdele a encontrar una práctica sencilla y adecuada, hágala con ella lo más a menudo posible y no deje de recordarla con delicadeza a medida que se acerca la muerte. Toda la atmósfera que envuelve la muerte puede transformarse si la persona encuentra una práctica que pueda hacer de todo corazón antes de morir y cuando muere.
Si quien está muriendo es un practicante espiritual habitual, cualquiera que sea la tradición espiritual que practicara, es muy importante facilitarle la asistencia junto a su lecho de muerte de sus amigos espirituales, y especialmente de su maestro si lo tiene.
Conclusión
Compasión y Comprensión. Amor y Sabiduría. Ésta es la esencia de la práctica espiritual.
No existe mayor don de caridad que ayudar a una persona a morir bien.
Qué hacer en el momento de la muerte
Cuando llegue nuestro último día, necesitamos aceptarlo y no verlo como algo extraño; no hay otra manera. En ese momento, alguien que tenga fe en una religión teísta debe pensar: “esta vida fue creada por Dios, por lo que el final también está de acuerdo con el plan de Dios; aunque no me guste la muerte, Dios la creó y debe significar algo”. Las personas que realmente crean en un Dios creador deben pensar de esa manera.
Aquellos que siguen las tradiciones indias y creen en la reencarnación deben pensar en su vida futura y hacer algún esfuerzo por crear las causas correctas para una buena vida futura, en lugar de preocuparse, preocuparse y preocuparse.
Resumen
La muerte no es algo raro. Ocurre todos los días, en todo el mundo. Entender que definitivamente moriremos nos anima a llevar una vida significativa. Cuando vemos que puede suceder en cualquier momento, es menos probable que hablemos y discutamos por cosas insignificantes. En lugar de ello, nos sentimos motivados para sacar el mejor provecho de la vida ayudando a los demás tanto como nos sea posible.
Hablar de la muerte es lo más sanador.
La mirada del alma
Según muchas tradiciones, los ojos representan “el espejo del alma” porque reflejan de manera inmediata todas nuestras emociones, nuestros miedos y nuestras caras emotivas más secretas. “¡Mírame a los ojos!” Es lo que se dice cuando no queremos perder ni uno de los mensajes que nos mandan los ojos de una persona. Una mirada vale más de mil palabras y, de hecho, gracias a los ojos, comunicamos estados de ánimo y manifestamos nuestro carácter. Por eso llega a ser significativa la dirección de nuestra mirada, su intensidad, sus movimientos y muchas otras características que contribuyen a proyectar nuestra persona al mundo exterior.
Mateo 6:22-23 »Los ojos son el reflejo de tu carácter. Así que, tu bondad o tu maldad se refleja en tu mirada.
La última expresión de nuestro ser ante la muerte queda reflejada en la expresión de nuestros ojos
Durante miles de años, tanto en la sabiduría oriental como en la filosofía occidental, la glándula pineal fue considerada como “tercer ojo” o “puerta de entrada a la conciencia superior” que puede ver más allá de nuestro mundo físico. Un renombrado filósofo francés del siglo XVII, René Descartes, la consideraba como la “casa central del alma y el lugar en el que se forman todos nuestros pensamientos”.
Los científicos descubrieron en nuestra glándula pineal un ojo “no funcional” con una estructura similar a la de los ojos externos, equipado con tejidos y células retinianas que actúan como receptores de luz. En 1919, Frederick Tilney y Luther Fiske Warren escribieron que las similitudes de la estructura de la glándula pineal con la del ojo humano sugerían que el órgano se formó para ser sensible a la luz y probablemente posee otras capacidades visuales.
Numerosos estudios corroboran esta hipótesis que une a esta glándula con el tercer ojo, y este con el reflejo de nuestra mirada.
La muerte es la separación del alma de su cuerpo físico. La entrada del alma en un cuerpo se llama nacimiento. A la marcha del alma del cuerpo se llama muerte. El cuerpo muere cuando el alma se ausenta.
La muerte es una puerta que se abre entre un aspecto de la vida y otro. Es el cese de la actividad corporal o física, de las funciones físicas y orgánicas y de la conciencia física. La muerte es la transición de un estado del Ser a otro. Un cambio de la forma de la conciencia a otro plano astral.
La muerte no supone la extinción de uno mismo, sino el cese de la individualidad. Es solo un cambio en la forma. La vida fluye para lograr su conquista de lo Universal. La vida fluye hasta fundirse en lo Eterno.
La muerte no es el fin de la vida, sino un aspecto de ésta. Es un incidente natural en el curso de la vida. Es necesaria para tu evolución.
Las almas que han partido permanecen en un estado de ensueño o de inconsciencia inmediatamente después de la muerte. No pueden sentir que se han despegado de sus cuerpos anteriores, gruesos y materiales. Las oraciones, canto de mantras y los buenos pensamientos de parientes y amigos pueden proporcionar un paz y calma a las almas que han marchado, creando una potente vibración para despertarlos de su estado mental de ofuscamiento, haciendo regresar de nuevo su conciencia, entonces cruzan la frontera regresando al origen.
Dicen las antiguas sabidurías, que en el instante de la muerte, en la última exhalación debemos respetar un tiempo al difunto, no debemos tocarlo, en última estancia en la frente en la intersección de los ojos y el tercer ojo para que el alma encuentre la salida correcta del cuerpo. El ombligo nos une a la madre, la vida. El corazón al sentir a la mente, pero este punto de intersección entre nuestros dos ojos y el tercer ojo, es la puerta de nuestra alma, esa puerta que debe abrirse para la partida al origen, al recuerdo de lo que somos.
Es importante saber dejar ir a estas almas , soltar los apegos; porque si son despertadas por los lloros y lamentos de sus amigos y parientes se produce unas vibraciones similares a su mente y causan una gran pena y aflicción, los atrae a planos bajos astrales de terrible sufrimiento, causándoles un grave daño.
El último pensamiento de una persona determina su destino futuro y su futuro nacimiento. El último pensamiento estará relacionado con la experiencia vivida de cada uno.
Es muy difícil conservar una conciencia elevada y sublime, cuando las enfermedades , los miedos y apegos, atormentan el cuerpo y la mente. Pero para una persona que ha disciplinado su mente a lo largo de los años con constancia, el último pensamiento será elevado y consciente. Permitiendo que el alma salga por la puerta que le lleva de regreso al origen.
El regreso a nuestro hogar celestial nos exige pasar a través -no alrededor- de las puertas de la muerte. Nacimos para morir, y morimos para vivir (véase 2 Corintios 6:9).
“Quién sabe, puede que la vida sea la muerte, y la muerte, la vida” Eurípides (480-406 a.C.).
“La muerte y la vida son transformaciones incesantes. No son el final de un principio. Una vez que consigamos comprender este principio, podremos dar igual valor a la vida y a la muerte”. Chuang Tzu (369-286 a.C.) citado en S. Critchley, El libro de los filósofos muertos.
Y así a lo largo de nuestra existencia los grandes pensadores dejaron sus reflexiones hasta nuestro días, la muerte y la vida unidas en un ciclo constante de energía.
Puertas que se abren y se cierran, en nuestra evolución.
Para conocer como realizar un canal de luz y ayudar aesas almas, pincha en el enlace:
Y para conocer la importancia del tercer ojo o puerta del alma , te lo explicamos en el siguiente enlace
Duelo
Dejo aquí un pequeño apéndice, pero este tema debe ser tratado con mayor profundidad, pues es un proceso aplicable en cada instante de nuestra vida. La muerte es un fin, un fin puede ser una relación amorosa, de amistad, un trabajo laboral, un voluntariado, un sueño acabado, un libro finalizado, la conclusión de una conversación…. Todo proceso que se inicia tiene un remate, y a veces saber concluir requiere un duelo.
Dejar ir a un ser querido fallecido implica integrar su recuerdo en la vida, no olvidarlo, permitiendo que el duelo siga su proceso natural en lugar de forzar una rápida recuperación. Esto se logra honrando su vida, compartiendo los sentimientos de manera abierta, buscando apoyo social y profesional si es necesario, y permitiéndose paulatinamente volver a vivir y a conectar con el día a día con un dolor más tenue y resignado.
No hay mayor acto de amor que soltar a los que amamos cuando la muerte nos indica que los caminos se bifurcan, señalando que es hora de dejar marchar. Aceptar que el tiempo de la persona moribunda termina, puede convertir la despedida en un momento de profunda autenticidad y encuentro, generándonos serenidad y paz en un momento que se prevé de gran dificultad
Aceptar el proceso de duelo: Entender que el duelo es un proceso único para cada persona, sin tiempo definido, y que no hay una forma "correcta" de sentir.
Permitirse sentir: Permitir la expresión libre de emociones, incluso si son difíciles como el enojo, la culpa o la tristeza, en lugar de reprimirlas.
Honrar su memoria: No olvidar a la persona, sino recordarla positivamente, recordando los buenos momentos y su legado. Se pueden crear rituales como una caja de recuerdos o escribir una carta de agradecimiento.
No forzarse a olvidar: Dejar ir no significa olvidar. Se trata de integrar el recuerdo de forma que no sea doloroso, sino una parte del pasado que permite seguir adelante.
Buscar apoyo: Apoyarse en amigos y familiares para desahogarse y sentirse escuchado. Si el dolor es abrumador y dificulta las actividades cotidianas, considerar buscar ayuda profesional de un psicólogo especializado en duelo.
Reconectar con la vida: Poco a poco, intentar retomar actividades cotidianas y permitirse disfrutar de la vida de nuevo, aceptando la nueva realidad en la que ya no está la persona.
Fases principales:
Negación o incredulidad: Es la primera reacción ante la pérdida.
Ira: Surgen sentimientos de rabia.
Negociación o aceptación: Se intenta encontrar una forma de lidiar con la situación.
Depresión: Se experimenta una profunda tristeza y dolor.
Aceptación: Se llega a un estado de aceptación madura de la pérdida.
Para saber mas sobre el duelo y algunos ejercicios pincha en el enlace:
Cómo hablar de la muerte a los niños
Aprender a morir es aprender a vivir.
Hablar de la muerte es hablar de la vida; y viceversa. Una conversación sencilla, permite plantear cuestiones, compartir puntos de vista y así, tomar consciencia. Y de esta forma familiarizarnos con un proceso mas de nuestra vida.
Hablaremos de nuestras impresiones personales y de nuestras vivencias, comprenderemos un poco el proceso que se vive en la muerte y como derribar el tabú que la rodea. Ampliando nuestros recursos para sobrellevar el duelo de la perdida.
“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. Antonio Machado”
CUATRO CONCEPTOS CLAVE SOBRE LA MUERTE
1. La muerte es universal. Todos los seres vivos mueren.
2. La muerte es irreversible. Cuando morimos no volvemos a estar vivos nunca.
3. Todas las funciones vitales terminan completamente en el momento de la muerte. Cuando morimos el cuerpo ya no funciona. 4
. Toda muerte tiene un porqué. Es necesario saber que existe una causa física por la que morimos, porque si no le damos una explicación de lo sucedido o no alcanzamos a comprenderlo, elaboraremos nuestra propia teoría de culpabilidad.
MUERTE EN NIÑOS:
Del bebé al niño de dos años La muerte sólo es una palabra. No hay comprensión cognitiva de su significado. Perciben la muerte como una ausencia. Sienten la no presencia de la persona fallecida, fundamentalmente si se trata de la figura de referencia (generalmente la madre). Perciben los cambios que se puedan producir en su entorno y sus rutinas como consecuencia del fallecimiento de un familiar. Son sensibles al estado de ánimo negativo que puedan experimentar sus cuidadores como consecuencia de la muerte de un ser querido
Los niños entre 3 y 6 años Creen que la muerte es temporal y reversible. El concepto de insensibilidad post mortem está todavía en construcción: creen que la persona puede seguir viva, y experimentar sentimientos y sensaciones una vez fallecida (pueden vernos, escucharnos, mirarnos). No creen que la muerte sea universal. Piensan que sus padres y ellos mismos no van a morir. Interpretan de forma literal cualquier explicación que les demos sobre la muerte. Si se les dice que alguien ha ido al cielo preguntarán cómo pueden ir ellos también.
Los niños entre los 6 y 10 años Saben que la muerte es definitiva e irreversible. Comprenden el concepto de insensibilidad post mortem. Comprenden la diferencia entre vivir y no vivir utilizando términos biológicos para referirse a la muerte: no hay pulso, se deja de respirar, se para el corazón. Saben que las personas mueren, pero que a ellos no les sucede. Hacia los 8 ó 9 años ya son capaces de comprender que ellos también se pueden morir. Pueden preguntarse si ellos tuvieron algo que ver en la muerte de su familiar y desarrollar sentimientos de culpa. Les inquieta que sus parientes puedan morir. Se preocupan mucho de que quienes les rodean se cuiden y no hagan cosas “peligrosas” o se enfermen. Preguntan sobre las ceremonias y las creencias religiosas. Desarrollan mucho interés por los ritos funerarios y pueden mostrar el deseo de participar en ellos. Hacia los 8 años un niño puede participar en las ceremonias de despedida si quiere. Es fundamental acompañarle y explicarle con antelación en qué consisten.
Los preadolescentes Comprenden el significado de la muerte en su totalidad y lo que implica: irreversible, universal y fin de las funciones vitales. Son plenamente conscientes de su propia mortalidad (y puede producirles mucha inquietud). Se muestran muy interesados sobre el más allá, así como por las creencias religiosas o culturales que rodean a la muerte. Pueden mostrarse inquisitivos y escépticos. Desean conocer más a fondo los ritos funerarios. Es aconsejable que participen en ellos. Tienen una mayor conciencia de los cambios que la muerte traerá a sus vidas y a su futuro. Es necesario tranquilizarles al respecto. Les cuesta mucho verbalizar lo que sienten y piensan sobre la muerte. Pueden sentirse abrumados al respecto. En ocasiones se muestran reacios a hablar. Es importante que respetemos su tiempo y nos mostremos cercanos y accesibles. También es fundamental darles seguridad sobre su propia vida. Hacerles ver que nosotros nos haremos cargo en lo posible de todo lo que necesiten. Les resulta de gran ayuda conocer nuestras propias experiencias de duelo y saber que se puede volver a llevar una vida normal aunque alguien a quien queramos fallezca.
Los adolescentes Tienen plena conciencia de lo que significa la muerte y pueden formarse una explicación completa, tanto desde una perspectiva biológica como filosófica, ideológica o religiosa. Comprenden las consecuencias existenciales de la muerte y teorizan sobre ella a medida que adquieren capacidades para el pensamiento formal y abstracto. El adolescente tiene plena comprensión de su propia muerte y puede fantasear sobre ella con mayor o menor angustia, dependiendo de cómo se encuentre emocionalmente. Pueden negar su propia mortalidad a través de conductas de riesgo y provocaciones, o bien mostrar ansiedades hipocondríacas ante los cambios corporales que van sufriendo. Ante la muerte de un familiar cercano pueden sentirse muy abrumados a consecuencia de la toma de conciencia que dicha pérdida va a suponer en sus vidas y en su futuro. Es importante integrar al adolescente en todos los ritos de despedida que vayan a tener lugar y ofrecerle la posibilidad de participar activamente en ellos. Los jóvenes necesitan sentirse parte activa de la familia, dar su opinión y ser tenidos en cuenta. Es necesario animar al adolescente a que retome su vida y sus relaciones sociales. Pasar tiempo con sus amigos puede serle de gran ayuda.
Charla 27 1 26
Los hijos y las Hijas del Amor.
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