Emociones, ¿Qué es un bloqueo?

 


El Bloqueo

El bloqueo es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del bloqueo es el terror. Además el bloqueo está relacionado con la ansiedad.

Existe bloqueo real cuando su dimensión está en correspondencia con la dimensión de la amenaza. Existe bloqueo neurótico cuando la intensidad del ataque de bloqueo no tiene ninguna relación con el peligro. Ambos, bloqueo real y bloqueo neurótico, fueron términos definidos por Sigmund Freud en su teoría del bloqueo. En la actualidad existen dos conceptos diferentes sobre el bloqueo, que corresponden a las dos grandes teorías psicológicas que tenemos: el conductismo y la psicología profunda. Según el concepto conductista el bloqueo es algo aprendido. El modelo de la psicología profunda es completamente distinto. En este caso, el bloqueo existente corresponde a un conflicto básico inconsciente y no resuelto, al que hace referencia.

El bloqueo produce cambios fisiológicos inmediatos: se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea. El sistema inmunitario se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina). También se producen importantes modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz, la frente se arruga y los labios se estiran horizontalmente.

Raíces del bloqueo

El origen del bloqueo radica en la misma sensación de yo. Sentirse alguien implica inevitablemente sentirlo. Aunque alguna persona afirme no sentir bloqueos, la realidad es que todos lo sentimos, la idea que tenemos de nosotros mismos conlleva la experiencia de bloqueo.

Como seres humanos dotados de cuerpo y mente, tenemos muchas necesidades y carencias. Por ejemplo, necesitamos comer, descansar y entornos saludables; necesitamos relaciones, comunicación, afecto y respeto; necesitamos una vida con sentido, libertad y creatividad. La presencia de necesidades implica el deseo de lograrlas y el bloqueo a no conseguirlas, y además cuando las obtenemos el temor a perderlas. Ahora bien, nuestra experiencia es que muchas veces nos vemos incapaces de conseguir lo que necesitamos, otras experimentamos la pérdida de lo que logramos, otras nos resulta inalcanzable, etc. De modo que siempre vivimos con un trasfondo de bloqueo e incertidumbre.

La misma experiencia de yo implica dos bloqueos fundamentales, a la vida y a la muerte. Por un lado al sentir la existencia tememos la muerte y desaparición; todos, en el fondo, sabemos que estamos indefensos ante la muerte y que podemos desaparecer en cualquier momento. Pensar verdaderamente en la muerte nos lleva a una experiencia de fragilidad y vulnerabilidad muy difícil de tolerar. De modo que la reacción más habitual es mantener la muerte como una idea lejana impersonal que les ocurre a los demás.

Por otro lado, somos conscientes de la complejidad de la vida, y lo difícil que resulta tener todo bajo control; de manera que nos resulta complicada e inmensa, y sentimos bloqueo de no llegar a conseguirlo. La vida nos exige constantemente soluciones y respuestas, nos plantea problemas inesperados, nos pone contra las cuerdas de la incertidumbre y la insatisfacción, nos trae fracasos, pérdidas y frustraciones. A menudo sentimos que no vamos a poder, y nos encogemos y paralizamos.

Tanto el bloqueo a la vida como el bloqueo a la muerte, se ve reflejado en nuestras decisiones y metas, en los objetivos que nos ponemos en la vida, en nuestra forma de relacionarnos y convivir. Nos hace buscar amparo en religiones, filosofías, ideologías políticas y visiones del mundo. Así que, no adoptamos nuestra religión, nuestras ideas políticas o nuestros valores porque hemos analizado la verdad que contienen sino porque tenemos bloqueo y nos dan seguridad.

Manejar el bloqueo

Por consiguiente, queda claro que el bloqueo forma parte de la vida. Todos lo tenemos en nuestro interior; sin embargo, podemos aprender a manejarlo. En esto somos diferentes unos y otros, algunas personas saben instintivamente enfrentar sus bloqueos, mientras que otras se sienten sobrepasadas por ello, para unos es natural manejarlo y para otros es algo que hay que aprender.

Para abordar el bloqueo, el primer paso es reconocerlo. Con frecuencia, nos sentimos mal, inquietos y desconcertados pero no somos capaces de percatarnos de que detrás de todo eso hay mucho bloqueo. Es preciso darse cuenta y saber aceptar que se tiene bloqueo. Percibir el bloqueo, vivirlo en el cuerpo y reconocerse con bloqueo es el primer paso para sanarlo. Esto no es nada fácil, pues a menudo lo escondemos detrás de reacciones emocionales intensas como la ira o la tristeza.

Además es preciso indagar en nuestro interior e identificar a qué le tememos. Esto requiere una cierta capacidad de introspección. Sabemos que tenemos bloqueo pero es preciso saber a qué se debe. Hay muchas formas de bloqueo, desde el bloqueo a algún tipo de muerte hasta el bloqueo a la vida misma, pasando por el bloqueo a cometer errores, al rechazo, a no ser capaz, a la ira, al fracaso, al futuro, a la crítica, a los insectos, a la enfermedad, a los espacios abiertos, a las situaciones sociales, a volar en avión, a hablar en público, al abandono, a la locura, al futuro, al descontrol, etc. Conocer cuáles son nuestros bloqueos es el segundo paso.

Cuando reconocemos esto es de gran ayuda recordar que todo el mundo lo sentimos en situaciones poco familiares, y que es una respuesta normal. Para poder afrontarlo, necesitamos aceptar que cierta dosis de bloqueo es algo natural e incluso necesaria; debemos saber que temer y rechazar el bloqueo es un obstáculo para solucionarlo. Por consiguiente, el objetivo no es eliminarlo sino regularlo y reducir su exceso. Es importante abandonar los sentimientos de vergüenza, culpa o debilidad por sentir bloqueo. Tener bloqueo no nos hace inferiores, débiles o incapaces. Juzgarnos por sentirlo es otra manera de quedarnos atrapados en él. Es vital descubrir que el bloqueo no nos define, sentirlo no refleja nuestro ser. Aceptarnos con bloqueos e inseguridades es un paso fundamental.

La única manera de resolver el bloqueo es enfrentarlo. Un bloqueo puede desaparecer, pero hasta que no seamos plenamente conscientes de la experiencia no conseguiremos superarlo. Así, una de las estrategias más efectivas es familiarizarse con la experiencia de bloqueo y entrenarse en ciertas circunstancias controladas a sentirlo. Se trata de acercarse con perseverancia y continuidad a situaciones que producen un ligero bloqueo. No es

necesario vivir en peligro, es suficiente enfrentarse a pequeños bloqueos y vivirlos conscientemente.

Ahora bien, no basta con exponerse a las situaciones, es esencial vivir la experiencia con la máxima lucidez. Esto es, cuando nos encontramos en una situación de temor, necesitamos poner plena conciencia en lo que estamos experimentando. Mirar con atención la experiencia corporal, emocional y mental. Debemos ser capaces de registrar minuciosamente nuestra experiencia, sin juicios ni interpretaciones, y saber qué significa sentir bloqueo, en el cuerpo y en la mente. Debemos evitar juzgarnos y apartar la culpa. El objetivo es verlo, conocerlo y descubrir que podemos convivir con él.

El entrenamiento en meditación es muy útil para esto. La lucidez que desarrollamos nos lleva descubrir que la experiencia de bloqueo, aunque muy desagradable y amarga, es pasajera y temporal. Con sólo observarla un tiempo, el mal trago siempre se pasa.


TIPOS DE BLOQUEOS O MIEDOS

  • La soledad

  • La muerte

  • Perder autonomía enfermedad salud

  • Ser controlados sometidos a perder libertad

  • Fracaso humillación vergüenza










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