El fracaso: humillación vergüenza

 


El fracaso: humillación vergüenza


El bloqueo al fracaso es un tanto tramposo, ya que en realidad no se trata del temor de no conseguir lo que deseamos. Cuando alguien teme al fracaso, la imagen que viene a su mente es la de la vergüenza frente a los otros.


Es la mirada reprobatoria de los otros, unidos en un tribunal impiadoso, frente a lo que el temeroso del fracaso huye.


“Fracasar”, se convierte rápidamente en “ser un fracasado” y esta es una de las principales creencias que debemos desandar para perder este bloqueo.


Debemos comprender que “fracasar” (en el sentido de fallar, de errar, de no conseguir lo que esperábamos) es absolutamente inevitable, pero que eso no nos convierte en personas despreciables o indignas.


El fracaso es una parte esencial e ineludible del aprendizaje, una oportunidad de crecimiento


Observar, atender a lo que nos rodea es adaptativo. Nos permite descubrir, identificar e interpretar nuestro mundo. Es un proceso que, ante los riesgos o dificultades, nos activa, generando conductas y pensamientos adaptativos y soluciones. Por supuesto que este mecanismo también está presente en relación a las personas con las que compartimos experiencias. Atender a los demás y adaptarse a cada situación compartida, puede significar sensibilidad, flexibilidad y empatía, pero si el foco en los demás está en modo

«alerta», condiciona y determina nuestras emociones, nuestra conducta y pensamientos, y se convierte en un mecanismo difícil de controlar y que nos obsesiona, estamos ante un problema: el bloqueo al qué dirán los demás.


A veces este trastorno es hereditario, pero nadie sabe con seguridad por qué algunos miembros de la familia lo tienen y otros no. Los investigadores han descubierto que el temor y la ansiedad involucran varias partes del cerebro. Algunos investigadores piensan que una mala interpretación de la conducta ajena puede jugar un papel en generar o empeorar la ansiedad social. Por ejemplo, usted puede pensar que le están mirando o le están frunciendo el ceño cuando realmente no lo están. No tener las habilidades sociales bien desarrolladas es otro contribuyente posible este bloqueo. Por ejemplo, si no tiene buenas habilidades sociales, puede sentirse desanimado después de hablar con otras personas y puede preocuparse de tener que volver a hacerlo. Al aprender más sobre el temor y la ansiedad en el cerebro, es posible que los científicos puedan desarrollar mejores

tratamientos. Los investigadores también están explorando si el estrés y los factores ambientales pueden desempeñar un papel.


El bloqueo al fracaso está relacionado con una mala valoración que hacemos de la realidad. Una persona que piensa que siempre va a fracasar no está siendo objetiva. Por todo ello, siguiendo con el ejemplo anterior, se podría decir que las etapas que pasaría una persona con bloqueo al fracaso serían las siguientes:


  • Presentación de la situación y valoración de la realidad. Esta persona pensaría "esto es horrible, me van a despedir del trabajo".

  • Anticipación de las consecuencias. Pensaría: "no voy a hacer bien la presentación, no estoy capacitada para ello y será todo un desastre".

  • Resultado. Del mismo modo que en el ejemplo anterior, las respuestas posibles son dos: la evitación es decir, no hacer la presentación y pensar “si no hago la presentación evitaré la posibilidad de hacer el ridículo y que el jefe piense que soy la persona menos apta del departamento así que mejor no hacerla”, o por el contrario, poner en marcha una conducta sobrecompensatoria como centrarse en la presentación dejando de prestar atención a otras área y actividades importantes.


Las consecuencias

  • Malestar con uno mismo y baja autoestima. Siempre pensaremos que no somos capaces de hacer según que cosas y sentiremos que somos menos válidos que los * demás.

  • Ansiedad. Como hemos visto, el bloqueo genera ansiedad y los síntomas más comunes de la ansiedad son: pensamientos de que va a ocurrir algo malo, aumento del pulso cardíaco, sudores, temblores, hormigueos en las extremidades, dolor de cabeza, pinchazos en el pecho, sensación de mareo y/o sensación de que falta el aire.

  • Ataques de pánico. Ligado a lo anterior, cuando la ansiedad llega a su punto máximo se pueden producir ataques de pánico.

  • Quedarse en blanco. Pueden suceder bloqueos cognitivos. En el ejemplo que hemos trabajado, un bloqueo cognitivo sería quedarse en blanco y no saber qué decir en la presentación que nos ha mandado hacer el jefe.

  • No conseguir los objetivos de la vida. El bloqueo al fracaso y todas estas consecuencias negativas que tiene podrían hacer que no alcanzáramos los objetivos que tenemos en la vida.


Está claro que si huimos constantemente de las situaciones no vamos a poder llegar a cumplir nuestros objetivos porque no daremos pie a que se cumplan. En el caso de la alta autoexigencia tampoco podremos lograrlos porque la ansiedad por ser perfectos nos limitará y nos hará fracasar.


Estrategias para superar el bloqueo al fracaso:


  • Rechaza la dicotomía

En la vida no es todo blanco o negro, en el medio existe una amplia gama de grises. No todo es hacerlo perfecto o por el contrario desastroso. Hay un amplio abanico de posibilidades en el medio. Lo importante no es hacerlo todo perfecto, sino intentar hacerlo bien y poner lo mejor de uno mismo. Aunque, como hemos visto, sin pasarse porque la alta autoexigencia tampoco es buena.


  • No intentes ser adivino.

No sabemos qué va a ocurrir y, por lo tanto, no podemos anticiparnos y asumir que lo que anticipamos sea lo que realmente ocurrirá. Siguiendo con el ejemplo, no podemos adivinar el futuro y asegurar que vamos a fracasar en la presentación porque no lo sabremos hasta que no pase.


  • Entrenamiento en autoinstrucciones.

Se trata de una técnica utilizada en la terapia cognitiva que se basa en órdenes que una persona se da a sí misma para dirigir su actuación, es un tipo de autodiálogo. El entrenamiento pretende sustituir las autoinstrucciones negativas de que vamos a fracasar por otras más eficaces. En el ejemplo que estamos trabajando, el entrenamiento en autoinstrucciones se dividiría en las siguientes fases:


Autopreguntas. Consiste en preguntarse a uno mismo "¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál es el objetivo?"

Análisis de la situación. Pensar en "¿Qué pasos tengo que seguir para realizar la presentación?"

Autorefuerzo. Decirse a uno mismo "Me está saliendo todo bien", "he conseguido hacer la presentación sin titubear". En el caso de haberse equivocado lo más correcto sería decir "me he equivocado, pero no pasa nada, todo el mundo se equivoca, pero he podido corregir el error y es lo que cuenta".

Evita decirte "no puedo".

Cree en ti mismo y en la capacidad que tienes para superar los problemas.


  • Fracasar una vez no significa que vayamos a fracasar siempre.

Las personas nos equivocamos y tenemos todo el derecho del mundo a hacerlo. Si has cometido un error intenta hacer lo posible por subsanarlo. Aprende de los errores, pero no te quedes en ellos. Además, de una situación no se puede generalizar, es decir, fracasar una vez no significa que vayamos a hacerlo siempre.


  • Ponte metas realistas.

Se consciente de tus capacidades y ponte metas que puedas cumplir, que sean desafiantes pero realizables.


  • Pide ayuda.

Si crees que la situación te supera, pide ayuda. El bloqueo al fracaso puede limitarnos en la vida diaria y, lo que es peor, puede limitarnos en la consecución de los objetivos de la vida. Por lo tanto, si la situación se te escapa de las manos, lo más adecuado sería que contactaras con un profesional para que te pudiera guiar en el proceso.

EL bloqueo al fracaso está muy ligado a lo que dirán o piensan los demás, por ello, vamos a profundizar un poco más:

En relación al bloqueo al qué dirán los demás, se suelen producir dos tipos de procesos:


  • Bloqueo a que los demás nos hagan daño. Es valioso para nuestra seguridad identificar que otra persona pueda hacernos algún daño, para así prevenir y actuar del modo más útil. El problema surge cuando centramos nuestra atención en esa posibilidad y nos mantenemos en un estado de alerta, tratando de adivinar los posibles peligros que los demás nos pudieran producir, aunque no haya indicios razonables de que eso vaya a suceder, o exagerando la probabilidad de que ocurra.

  • Bloqueo a una mala opinión de los demás. Aunque es normal ser sensible a la opinión que otras personas tengan de nosotras o nosotros, más aún si esas personas son significativas en nuestra vida; en ocasiones le damos una excesiva relevancia, y nos centramos con mucha insistencia en lo que podrían estar pensando sobre nuestro aspecto físico, nuestra forma de actuar, lo que decimos, lo que pensamos… y lo más importante, como si dispusiéramos de una “bola de cristal”, adivinamos que esa opinión es negativa. Llegando a confundir nuestros pensamientos con la realidad, y las «opiniones» de los demás, con las «evidencias».


Hay 4 factores que construyen nuestro bloqueo al qué dirán


  • Nuestra personalidad, las tendencias en nuestro modo de pensar y de reaccionar ante los acontecimientos. Si cada vez que se produce un acontecimiento desagradable, nuestra tendencia es afrontarlo con una elevada dosis de sufrimiento y dolor, sentiremos bloqueo ante la mínima posibilidad de que se repita de nuevo.

  • Nuestra biología, que puede determinar una percepción de fragilidad y en consecuencia reforzar o marcar nuestra visión temerosa del mundo. Hay personas con mayor vulnerabilidad en ansiedad o estrés por ejemplo, y esto genera –sino se actúa ante ello– patrones de pensamiento y conductas desadaptativas.

  • Nuestros aprendizajes. La educación que recibimos es muy importante, también en esta cuestión. Si desde la infancia se refuerza la idea de que es crucial lo que los demás piensen de nosotras o nosotros, y que determinará las oportunidades y el desarrollo que vamos a tener en la vida, los otros se convertirán en un elemento que generará temor, ya que de ellos dependerá nuestro futuro.

  • Nuestras experiencias nos modelan, y más si suceden en períodos como la infancia o la adolescencia. En ellos, nuestros iguales, son lo más significativo. Si recibimos críticas, malas opiniones, comentarios negativos o rechazos, en momentos importantes de nuestra vida, se pueden quedar grabados y estimular una conducta que trata de evitar que vuelva a producirse estas situaciones. El resultado puede ser un estado de alerta, vigilancia y expectación. A esto lo llamamos en Psicología: Sesgo Atencional («tendencia a dirigir la atención, selectivamente, hacia el procesamiento del material que posee un contenido congruente con el estado de ánimo»).

¿Cómo superar el bloqueo al qué dirán los demás? Las claves para controlarlo


  • Ser conscientes de nuestras tendencias, de esa mirada temerosa a los pensamientos o lo que los demás puedan decir, de los aprendizajes en ese sentido y de las experiencias que hemos tenido. Si somos conscientes de esta forma en la que actuamos y por qué se produce, ya tenemos el primer paso para avanzar en la solución.

  • Trabajar nuestra autoestima. Entender que nuestro valor como personas está en el propio hecho de ser personas, con responsabilidad. Ser conscientes de nuestras limitaciones y fragilidades, tanto como valorar nuestras cualidades y fortalezas.

  • Trabajar el perfeccionismo. Nadie posee la perfección, y creer lo contrario lleva a la frustración y el desánimo.

  • Ajustar expectativas. Aceptar que no todos van a pensar bien de nosotros y que no vamos a caer bien a todo el mundo, que va haber muchas cosas nuestras que no gusten a los demás; eso forma parte de la vida, al igual que cuando piensan bien. La opinión de los demás no determina y condiciona nuestro bienestar, este depende de otras muchas cuestiones, que tienen que ver con nosotras o nosotros mismos.

  • Buscar “Pruebas de Realidad”, así llamamos en Psicología a las evidencias incuestionables, tras observar y analizar objetivamente lo que pensamos o interpretamos, a partir de un hecho o acontecimiento.

  • Perder el bloqueo a comentarios negativos y críticas. Reflexionemos ¿son tan graves las consecuencias de que alguien piense mal de nosotros?. Seguro que sucede de vez en cuando y no pasa nada. Nosotros pensamos también mal de algún aspecto de otra persona. Todas y todos tenemos amigos, familiares, conocidos… de los que no nos gustan algunas o muchas cosas: expresiones, ideología, comportamientos…, pero los queremos, los valoramos y disfrutamos con ellos.

  • Desarrollar habilidades sociales como la asertividad. Habilidades como la asertividad, la capacidad para realizar o recibir críticas, son fundamentales para reducir y eliminar el bloqueo al qué dirán los demás. Cuando nos sentimos con recursos personales para aceptar o manejar una opinión o un comentario negativo, ganamos seguridad, y reforzamos la autoconfianza, haciéndonos más fuertes frente a los factores externos a nosotras y nosotros.


Si la opinión de los demás sobre ti, te afecta, cambia de dirección tu mirada: tu objetivo eres tú


Algunas reflexiones:


. El psicólogo Carl Jung decía que “Aquello a lo que te resistes, persiste. Aquello que aceptas, se transforma”.


Confucio decía “Si los problemas tienen solución, ¿de qué te preocupas?. Y si no la tienen, ¿por qué sigues preocupándote?”. No es fácil no preocuparse, pero también es verdad, que a menudo, hace que nos sintamos mal y nos paralicemos para actuar. Y eso, tampoco soluciona gran cosa, ¿no te parece?, ¿qué opinas?



La fábula de las dos ranas

He aquí una fábula: dos ranas cayeron en una jarra de leche. Al principio ambas patalearon para sobrevivir. Al cabo de un rato una de ellas se dio por vencida y se ahogó. La otra rana no se rindió, y siguió pataleando en la leche hasta que ésta se convirtió en manteca. Al final, la segunda rana se salvó y salió sana y salva de la jarra.



Miedo


Nuestro espejo


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Ley del espejo 2


Escucha activa






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